JÓVENES

enero 23, 2018

5 modelos de conversión que podrías imitar

Por: Josué Luna Ordóñez / Colaborador

Me atreveré a llamarles por su nombre: son santos, pero primero fueron hijos, amigos o simples conocidos; ahora son ejemplo de vida, de conversión y de que se puede alcanzar la santidad.

Dimas

Según la Sagrada Escritura fue la primera persona que se supo que estaría en el cielo. Al ser esclavo o una persona de escasos recursos, tal vez inclinado por su situación, cometió algún delito o infracción pública y fue condenado a la cruz para escarmiento.

Junto a Jesús crucificado pide perdón y se declara culpable de sus delitos. Al mirarlo con sinceridad de corazón del “buen ladrón”, lo perdona y le promete: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Tan buen ladrón que al final se robó el cielo.

Agustín

Por el año 354 nació en Tagaste (África) un pequeño con grandes dotes intelectuales, aunque con gran ingenuidad. A pesar de tener una madre cristiana adoptó la doctrina maniqueista, que en resumen es la negación de la responsabilidad de los actos humanos, por lo tanto ya te imaginarás qué clase de vida tuvo que haber llevado.

No está muy ventilada su vida de pecado; sin embargo, él mismo lo reconoce en su autobiografía. Al conocer a San Ambrosio y gracias a la oración de su mamá, se convirtió al cristianismo y ahora es santo y doctor de la Iglesia.

Francisco de Asís

De familia noble; su lema llegó a ser “gozar de la vida”. Al caer enfermo recapacitó un poco y se dedicó a ayudar a los pobres. Visitó la Iglesia de San Damián a las afueras de Asís, donde creyó escuchar que Cristo le dijo: «Repara mi Iglesia». Fue a casa y vendió todo lo que tenía para realizar la obra; sin embargo, Dios le pedía reparar su Iglesia de otro modo.

Se entregó a la vida religiosa para fundar su propia orden luego de que su familia le rechazara y negara su herencia. Cristo le concedió llevar sobre su propio cuerpo los estigmas de su crucifixión. Es considerado como uno de los santos más humildes de la Iglesia universal.

Felipe de Jesús

En 1572 nació, en la Ciudad de México, ‘Felipillo’, hijo de dos migrantes españoles. Se le recuerda muy travieso. Expulsado de su escuela por su mala conducta y carácter incontrolado. Se cuenta que la nana cristiana de Felipe decía: “Antes la higuera seca reverdecerá, a que ‘Felipillo’ llegue a ser santo”.

La higuera reverdeció cuando al intentar volver a México desde Manila, su barco encalló en Japón, que al ser un pueblo anticristiano, lo llevó al martirio. Felipe tuvo la oportunidad de volver, ya que a los extranjeros se les daba la oportunidad de irse, pero se reusó y decidió ser testigo de Cristo.

Chiara Badano

El 25 de septiembre de 2010 fue proclamada digna de veneración esta tenista y hábil nadadora. Aparentemente no hay nada prodigioso en la vida de la señorita que a sus 18 años partió a la casa de Dios, pero su testimonio se debe a que fue de una constante conversión ya que en medio de los amigos, la música y el deporte siempre llevó a Dios con ella.

Sufrió de osteosarcoma, lo que le causó mucho sufrimiento físico. Su valentía es su conversión, su fortaleza sostenida por el amor de Dios siempre fue la clave.

«La santidad no se compra. Ni la ganan las mejores fuerzas humanas. No, la santidad sencilla de todos los cristianos, la nuestra, aquella que debemos hacer todos los días, es un camino que se puede hacer sólo si lo sostienen cuatro elementos imprescindibles: coraje, esperanza, gracia y conversión».

Papa Francisco

 






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