JÓVENES

julio 27, 2016

5 sugerencias para que el consumismo no te absorba

Por: H. Esteban Carrasco Ibarra

Si no pasa nada, si sólo es un capricho, si no me ayuda en mi trabajo o estudio ni para hacer apostolado, si sólo me lleva a lloriquear por carecer de ello… no lo necesito.

¿De verdad lo necesito?

No voy a hablar de cantidades ni de diversidades. Lo que mi hermano puede necesitar es distinto a lo que yo podría necesitar. Pero, ¿qué implica el “necesito”? Según la Real Academia Española (RAE) una necesidad es la carencia de las cosas que son menester para la conservación de la vida. Esta definición puede asustar. ¿No me compraré una blusa o camisa nueva porque no es menester para la conservación de mi vida?

¿Qué pasaría si no lo compro?

Una vez respondida la primera pregunta podemos llegar a la conclusión de que quizá sí necesitamos realizar una compra. Pero la verdad es que… ¡ahora mismo no tengo dinero! Entonces… espero, pues la austeridad, más que a no tener es la que debe llevarnos a no apurarnos, a no desesperarnos, a buscar los mejores precios, a buscar más opciones, no ser impulsivos.

¿Para qué lo quiero?

Aquí podemos analizar si lo queremos porque nos ayudará a trabajar, estudiar y servir mejor… o si es un lujo innecesario que responde a un capricho. Tal vez nos haga la vida más cómoda, pero es un costo que podríamos suprimir.

Sacrificio: ahí está en gran parte la realidad de la pobreza. Es saber prescindir de lo superfluo, medido no tanto por reglas teóricas cuanto según esa voz interior que nos advierte que se está infiltrando el egoísmo o la comodidad indebida. Confort: en su sentido positivo, no es lujo ni voluptuosidad, sino hacer la vida agradable a la propia familia y a los demás, para que todos puedan servir mejor a Dios.

¿Qué hago si me falta?

Es fácil lamentarse, a veces en serio y a veces en tono burlón, pero quejarse al fin de señalar lo que no tenemos.
Desde lo pequeño hasta lo grave. ¡Pero eso nos distrae del agradecimiento! ¿Qué? ¿Agradecer lo que no tengo? Sí. Porque en muchas oportunidades también nos falta dar gracias por las tantas cosas que tenemos. Nos fijamos en lo que no tenemos y olvidamos lo que tenemos. Los jóvenes tienen una grave tendencia a desechar muy rápido todo y valorar poco lo que se les da.

Si de verdad lo necesito, ¡debo siempre volver al inicio!

Si nos fijamos, cada pregunta, al responderla nos lleva de vuelta a la primera. Si no pasa nada, si sólo es un capricho, si no me ayuda en mi trabajo o estudio ni para hacer apostolado, si sólo me lleva a lloriquear por carecer de ello… no lo necesito.






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