Articulo

agosto 16, 2018

A propósito del día de los abuelos

Por: José Luis botello Villalba / Colaborador

La tercera edad puede constituir un periodo de vida caracterizado por un acentuado sentimiento religioso.

Para vivir bien en el mundo es preciso no perder el respeto a nadie, cada cual conserva el sentimiento de su propia dignidad y el amor propio no sufre que le ofendan; no siempre se tiene bastante grandeza de alma para hacerse superior a un agravio.

Hoy en día los adultos mayores son severamente dañados por el trato despectivo que reciben por parte de sus propias familias, hijos, nietos y demás.

Frustrados, en depresión, mal humorados, intolerantes o agresivos, son algunas de las acciones y actitudes que toman muchos de los adultos mayores al sentirse cuestionados sobre sus habilidades y fuerzas para llevar a cabo sus actividades.

La dimensión espiritual de la persona anciana significa, entonces, aceptar su condición de vida y aceptarse en ella, significa encontrar un sentido en su propia experiencia, en un proceso de crecimiento y de desarrollo personal; significa la búsqueda de un sentido de la vida en general y de un significado de los acontecimientos de la vida cotidiana en particular.

La tercera edad puede constituir un periodo de vida caracterizado por un acentuado sentimiento religioso; esta fe representa el punto de llegada de la espiritualidad de una persona: la persona anciana tiene una historia personal de victorias, de derrotas, de pérdidas.

Con los años adquirió el conocimiento de los hombres y de la realidad; libre de compromisos urgentes, tiene tiempo para pensar, re exionar, recordar.

Paradójicamente, cuanto más se afrontan y se aceptan las “pérdidas necesarias”, tanto más se está abierto al ejercicio de un poder habilitante, tanto interior como exteriormente, el ego puede alejarse gradualmente de una actitud de poder competitivo y de dominio.

Más que una única conversión de vida, este profundo proceso de envejecimiento implica una serie de conversiones frente a los desafíos inherentes al ciclo de envejecimiento o conectados con él.

Muchos ancianos de hoy se han enfrentado a la guerra, a la prisión, a la miseria y aún con todo lo que estos males acarrean construyeron una familia y un porvenir para sus hijos.

Se ha escrito que los ancianos han pasado la vida en plena lucha y que pudieron aprender cómo el dolor es el precio del amor y cómo la gloria es su recompensa.

Pero en estas pruebas del transcurrir de sus días también pudieron entrever la presencia y el afecto de Dios, y pudieron haber llegado a una religiosidad más profunda y más vivida, al descubrir lo que es permanentemente cierto, seguro, más allá de lo temporal.

Este es el cuadro de la proverbial sabiduría que se acredita tradicionalmente a la tercera edad, pero puede ser la conquista de la ancianidad.

Sustento para ellos:

  • Fe. Apoyo en las alegrías, pero también en las pérdidas que acompañan a la vida: del trabajo y del rol social, económicas, declinación de la salud y duelos.
  • Actitud cristiana. Necesidad de esperanza, aceptación de los propios límites y del estar preparados para dejar lo que se preveía poseer.

 






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