Para conocer sobre liturgia

junio 28, 2018

Adoración Eucarística

Hna. M.Guadalupe Puente Cuevas / Misionera de Jesús Hostia

Sacrificio y Sacramento; celebración, comunión y adoración son momentos del mismo misterio.

El documento sobre el Misterio de la Eucaristía (EM), en el número 50, dice: «Los fieles, cuando veneran a Cristo presente en el Sacramento, recuerden que esta presencia proviene del sacrificio y se ordena a la comunión sacramental».

Sacrificio y Sacramento; celebración, comunión y adoración son momentos del mismo Misterio Eucarístico, considerado en la globalidad de su contenido, expresiones de una única realidad mistérica.

La Misa es el Sacramento del sacrificio de Cristo y, por consiguiente, el Sacramento la expresión ritual de la perfecta adoración de Cristo al Padre en el Espíritu.

Adoración flial que Cristo vivió a lo largo de toda su vida, desde que «al entrar en el mundo» percibió que al Padre no le agradaban los sacrificios y ofrendas que los hombres le ofrecían «por el pecado», hasta la oración en el huerto y el «todo está consumado» de la cruz.

De todo esto es Sacramento, actualización de la Eucaristía como sacrificio pascual de Cristo Jesús. La celebración Eucarística es por esto, con toda razón, el origen y el fin del culto que se le tributa (a la Eucaristía) fuera de la Misa.

Toda celebración de la Eucaristía es adoración al Padre, por Cristo, en el Espíritu. Y es adoración a Cristo el Señor, en el Misterio de su «anonadamiento voluntario», glorificado con la Resurrección.

Con toda la plegaria Eucarística, verdadero núcleo y corazón de la celebración, pero sobre todo con el canto del Santo, la asamblea eclesial celebrante se une a la adoración y alabanza de los ángeles y los santos.

El hecho teológico que fundamenta la adoración a Cristo, el Señor, en la Eucaristía, es la fe en su divina presencia. El tema de la presencia Eucarística representa el eje de todo el Misterio Eucarístico, del sacrificio y del banquete, asegurando en la unidad del signo sacramental verdad, realidad, eficacia.

El documento sobre la Liturgia del Concilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, habla de la presencia real de Cristo en la Palabra, en los sacramentos, en la asamblea y en el ministro; y subraya que la presencia Eucarística no es «más real» que las otras; todas estas, y otras, son formas de «presencia real».

Pero la presencia eucarística es «real por excelencia», por ser presencia sustancial de Cristo Jesús, la forma más eminente y sublime de presencia del Señor en su Iglesia.

En la Eucaristía está presente el Cristo pascual, en su actual existencia de resucitado, sobre quien la muerte no tiene ya señorío, el Señor resucitado y glorioso que está a la derecha del Padre; es a este Cristo a quien adoramos en la Eucaristía.

La gran manifestación

Al ser el pan una comida que nos sirve de alimento y se conserva al guardarlo, Jesucristo quiso quedarse en la tierra bajo las especies de pan no solo para servir de alimento a las almas que lo reciben en la Sagrada Comunión, sino también para ser conservado en el Sagrario y hacerse presente a nosotros, manifestándonos el amor que nos tiene.

En toda forma de culto a este Sacramento hay que tener en cuenta que su intención debe ser una mayor vivencia de la celebración Eucarística.

Las visitas al Santísimo, las exposiciones y bendiciones, han de ser un momento para profundizar en la gracia de la comunión, revisar nuestro compromiso con la vida cristiana.

 

 

 






0 Comments


Seras el primero en commentar!


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *