CATEQUESIS

noviembre 21, 2017

Asilos, lugar de apoyo y no de abandono

Verónica González / Red Familia

No olvidemos que los ancianos dieron todo lo que podían a sus hijos y ahora es tiempo de agradecerles

En México, de acuerdo a la última Encuesta de 2015 realizada por el INEGI, existen cerca de 12 millones de personas que superan los 65 años de edad, de los cuales la mitad vive en situación de pobreza, una de cada cuatro tiene carencias alimentarias y el 60% tiene en rezago educativo.

Según los resultados de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis) 2010, elaborada por el Conapred, en nuestro país el 27.9 % de las personas mayores de 60 años han sentido alguna vez que sus derechos no han sido respetados por su edad.

Por otro lado, durante esta etapa llega la enfermedad, el andar se hace lento por problemas físicos o discapacidad, inicia la dependencia para comer, vestirse o asearse y la productividad disminuye, esto ha ocasionado que un gran porcentaje de ancianos sean abandonados en asilos, hospitales y, en el peor de los casos, en la calle.

Aunque el objetivo de estos centros de internamiento es apoyar en el cuidado de nuestros ancianos, en muchas ocasiones los familiares los ven como un lugar para deshacerse de quien en su momento les cuidó en otras etapas de su vida.

De acuerdo a la Junta de Asistencia Privada del Distrito Federal, existen registradas 500 instituciones, de las cuales únicamente 44 se dedican a la atención de adultos mayores.

Según cifras de la JAPDF, el 30 % de los adultos mayores viven solos y no cuentan con seguridad social, esto se convierte en una problemática que hay que atender desde el gobierno.

Las casas de reposo y asilos pueden llegar a ser de gran ayuda para la familia cuando, por sus ocupaciones, no hay quien esté al pendiente del cuidado de sus padres o abuelos, pero de ninguna manera se debe tomar como una opción para abandonarlos.

Muchos de los adultos mayores llegan a los asilos engañados, con falsas promesas o en contra de su voluntad, siendo olvidados y abandonados por su propia familia.

Existen varios esquemas de internamiento, los cuales dependen de la movilidad de la persona; una opción es que los fines de semana se puedan visitar o llevarlos a casa para convivir en familia.

Otra de las alternativas son los “cuidados de día”, algo semejante a una guardería, en las que por la tarde los familiares recogen a sus ancianos y los llevan a casa; esto favorece la convivencia entre abuelos y nietos que tiene un alto valor educativo. No olvidemos que ellos dieron todo lo que podían a sus hijos y ahora es tiempo de agradecerles con atención, cariño y no hacerlos sentir como un estorbo o una carga.

Antes de pensar en una casa-hogar para ancianos 

Existen otras alternativas que ocupan los primeros lugares de preferencia, como las llamadas residencias diurnas, en las cuales las personas de la tercera edad sólo asisten por la mañana y regresan a su casa a dormir.

Otras opciones son los clubes de la tercera edad y los centros culturales, donde pueden realizar diversas actividades recreativas como manualidades,pintura o baile.

Estos centros, que ayudan a la recuperación de la autoestima y devuelven la certeza de que todo ser humano es productivo, son opciones que deben tomarse en cuenta antes que un asilo, pues muchas veces lo que el anciano necesita es convivir con personas de su edad y no necesariamente separarse de su familia por completo.

 

 






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