Editorial

marzo 7, 2018

Cuaresma, tiempo de retorno al Padre, construyendo un mundo mejor

MONS. JUAN PEDRO JUÁREZ MELÉNDEZ OBISPO DE TULA

El miércoles 14 de febrero iniciamos el tiempo de Cuaresma, cuarenta días de preparación para celebrar el misterio central de nuestra fe, la pasión, muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Muchas personas se han acercado a recibir ceniza. Este signo nos recuerda que nuestra vida es frágil y pasajera, estamos hechos de barro, pero queremos superarnos reconociendo nuestros errores para corregirlos, venciendo el mal y el pecado en todas sus manifestaciones, y así despojándonos del hombre viejo y revestirnos del hombre nuevo.

Para muchos la Cuaresma es sólo una tradición que no tiene importancia. No les dice ni sugiere nada. Su vida sigue la rutina de cada día y nada hacen por cambiar. El Papa, en su mensaje de Cuaresma, nos alerta ante los falsos profetas de este tiempo y nos invita a que la maldad no enfríe nuestros corazones.

Nos dice: «¿Cómo se presentan los falsos profetas?: son como ‘encantadores de serpientes’», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas a donde ellos quieren.

«Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad».

Y continua diciendo: «Otros falsos profetas son esos ‘charlatanes’ que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de ‘usar y tirar’, de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido».

«Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor, sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es ‘mentiroso y padre de la mentira’ (Jn 8,44) presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre».

En el mismo mensaje, el Papa nos recuerda lo que escribe Dante Alighieri, en su descripción del infierno se imagina al diablo sentado en un trono de hielo; su morada es el hielo del amor extinguido.

«Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las seña- les que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?».

«Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, ‘raíz de todos los males’ (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios… Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras ‘certezas’: el niño por nacer, el anciano enfermo, el migrante de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas».

¿Queremos construir un México y un mundo mejor, más justo, fraterno, solidario y en paz? ¿Y con ello buscar el desarrollo de nuestros pueblos, el bienestar y felicidad de nuestras familias?

El Concilio Vaticano II nos dice al respecto: «La penitencia del tiempo cuaresmal no debe ser solo interna e individual, sino también externa y social. Foméntese [por lo tanto] la práctica penitencial» (SC 109).

Francisco nos recuerda en su mensaje: «Haz oración, para que Dios entre en tu vida; ayuna, para que domines tus pasiones; da limosna, para que hagas cambiar la vida de personas con- cretas. Así no dejarás enfriar y apagar el amor».






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