Articulo

mayo 21, 2018

Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo

Por: José Luis Botello Villalba / Colaborador

Cada una de las Personas de la Santísima Trinidad está totalmente contenida en las otras dos, pues hay una comunión perfecta entre ellas.

El misterio de la Santísima Trinidad es muy importante dentro de la vivencia de nuestra fe, pero también es un tema difícil de entender y explicar

Al ser un misterio es difícil entenderlo a la sola luz de la razón, pero este misterio trinitario solo será comprendido mediante la revelación que Dios nos hace.

La palabra “trinidad” es un término latino que proviene del vocablo Trinitas, que significa: “tres”; por eso es usado para indicar que Dios existe como una unidad de tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Cada una de las personas es diferente de las otras, aún cuando en esencia están relacionadas. Aunque es un misterio difícil de entender fue el primero que entendieron los apóstoles, pues después de la Resurrección comprendieron que Jesús era el Salvador enviado por el Padre.

Y, cuando experimentaron la acción del Espíritu Santo dentro de sus corazones en Pentecostés, comprendieron que el único Dios era Padre, Hijo y Espíritu Santo.

El misterio de la Santísima Trinidad consiste en que por medio de la fe creamos que la Trinidad es Una, pues no creemos en tres dioses, sino en un sólo Dios en tres Personas distintas

No es que Dios esté dividido en tres, pues cada una de las tres Personas es enteramente Dios. Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen la misma naturaleza, la misma divinidad, la misma eternidad, el mismo poder, la misma perfección; son un sólo Dios.

Además, sabemos que cada una de las Personas de la Santísima Trinidad está totalmente contenida en las otras dos, pues hay una comunión perfecta entre ellas.

Las personas divinas son realmente distintas entre sí. “Dios es único pero no solitario”. Padre, Hijo y Espíritu Santo no son simplemente nombres que designan modalidades del ser divino, pues son realmente distintos entre sí: “El que es el Hijo no es el Padre, y el que es el Padre no es el Hijo, ni el Espíritu Santo el que es el Padre o el Hijo”.

Son distintos entre sí por sus relaciones de origen: “El Padre es quien engendra, el Hijo quien es engendrado y el Espíritu Santo es quien procede”; la unidad divina es Trina (Catic).

Por eso, es el misterio central de la fe, porque solo Dios puede darnos a conocer este misterio por la revelación.

Este abraza toda nuestra vida y nuestro ser cristiano, y lo recordamos cada vez que hacemos el signo de la cruz, pues nos encomendamos a la Santísima Trinidad al decir la invocación: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Que este misterio sea siempre parte de nuestra vida y de nuestra fe, y que así como expresamos que solo hay un Dios, tengamos a ese Dios en nuestro corazón y vivamos bajo las enseñanzas de su Hijo y bajo la protección y luz de Espíritu Santo.

El misterio

  • En las Sagradas Escrituras (Biblia), en el Antiguo Testamento (AT) y el Nuevo Testamento (NT), se nos expresa con citas como: Gn 18,3/Lc 1,26-35/Mc 1,9-11/ Mt 28,19.
  • Lo profesamos de una forma particular en la oración del Credo que realizamos cada domingo dentro de la celebración Eucarística.
  • Siempre que nos persignamos ponemos lo ponemos de manifiesto al decir que creemos en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

 

 






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