JÓVENES

noviembre 14, 2018

Documento final del Sínodo de los Jóvenes

Por: Pbro. Luis Ángel Zamora Almaraz / Arquidiócesis de Tulancingo

Desde hace meses hemos vivido un tiempo especial de gracia para la Pastoral Juvenil, ya que la convocatoria para el Sínodo de los Obispos dedicado a los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, aunado al Año de la Juventud celebrado en nuestra nación, han puesto al centro de la actividad pastoral a los jóvenes, que son el futuro de nuestra Iglesia.

Migrantes

Gracias a los diferentes orígenes de los Padres, con respecto al tema de los migrantes, el Sínodo ha visto el encuentro de muchas perspectivas, en particular entre países de partida y los países de llegada.

Resonó «el grito de alarma de esas Iglesias cuyos miembros se ven obligados a escapar de la guerra y de la persecución, y que ven en estas migraciones forzadas una amenaza para su misma existencia» (25-28).

Abusos

El Sínodo insiste el firme compromiso para la adopción de rigurosas medidas de prevención que impidan que se repitan a partir de la selección y de la formación de aquellos a quienes serán encomendadas tareas de responsabilidad y de educación (129).

Exclusión y marginación

Diferentes secciones afrontan varias caras de la injusticia social: el mundo del trabajo (40). Las diferentes formas de violencia y de las persecuciones que interpelan a la Iglesia (41), la marginación social (42).

El documento arroja luz sobre aspectos positivos como el compromiso y la participación social de los jóvenes, su pasión por el arte, la música y el deporte.

Sexualidad – Afectividad

En el actual contexto cultural la Iglesia no logra transmitir la belleza de la visión cristiana de corporeidad y sexualidad. Sirve «una búsqueda de modalidades más adecuadas que se traduzcan concretamente en la elaboración de caminos de formación renovados. Hay que proponer a los jóvenes una antropología de la afectividad y de la sexualidad capaz de dar el justo valor a la persona, en todos los estados de la vida…». (149-150)

En relación al tema de la «diferencia y armonía entre la identidad masculina y femenina, y las inclinaciones sexuales», el Sínodo «insiste en que Dios ama a cada persona y lo mismo hace la Iglesia, renovando su compromiso en contra de cualquier discriminación y violencia según una base sexual. Igualmente reafirma la determinante relevancia antropológica de la diferencia y reciprocidad del hombre y la mujer, y considera reducto definir la identidad de las personas únicamente a partir de su orientación sexual».

En relación a la acogida específica de las personas homosexuales, «ya existen en muchas comunidades caminos de acompañamiento en la fe».

Promoción de la justicia

El Sínodo recuerda (153-154) que «la promoción de la justicia» se relaciona también con la administración de los bienes de la Iglesia. Los jóvenes se sienten en casa en una Iglesia en la que la economía y las finanzas son vividas en la transparencia y en la coherencia. Se necesitan decisiones valientes en la perspectiva de la sostenibilidad, como indica la encíclica Laudato si’.

Acompañamiento

Los padres sinodales llegaron a proponer (161) que todas las Iglesias particulares, las congregaciones religiosas, los movimientos, las asociaciones y otros sujetos eclesiales ofrezcan «a los jóvenes una experiencia de acompañamiento en vista del discernimiento».

«Un tiempo destinado a la maduración de la vida cristiana adulta… construida alrededor de por lo menos tres ejes indispensables: una experiencia de vida fraterna; una propuesta apostólica fuerte y significativa; una oferta de espiritualidad arraigada en la oración y en la vida sacramental.

Predicar con el testimonio

«Nosotros debemos ser santos», se lee en uno de los párrafos finales del documento (166). Los jóvenes han pedido en voz alta una Iglesia auténtica, luminosa, transparente, alegre: ¡solo una Iglesia de santos puede estar a la altura de tales peticiones!

El documento afronta diferentes temas:

  • Reconoce las «diversidades de contextos y de culturas» de los padres sinodales, desde la «diferencia entre hombres y mujeres con sus dones peculiares, las sensibilidades específicas y experiencias del mundo» (13).
  • Habla de la «colonización cultural» (14) desde el papel que la Iglesia desempeña en sus instituciones educativas, acogiendo a «todos los jóvenes, independientemente de sus preferencias religiosas, orígenes culturales y situación pastoral, familiar o social» (15).
  • Ahonda en «la familia, punto de referencia privilegiado» (132), «la importancia de la maternidad y de la paternidad» (133).
  • Se refiere a las potencialidades y peligros del ambiente digital (22-24): un tema sobre el cual, además, en el párrafo 146 el documento subraya que el Sínodo «espera que en la Iglesia sean instituidos en los niveles adecuados oficinas específicas u organismos para la cultura y la evangelización digital».

3 partes y 12 capítulos componen el documento final que tiene como hilo conductor el Pasaje de los Discípulos de Emaús, narrado por el evangelista Lucas






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