CATEQUESIS

Marzo 7, 2017

El ayuno

Pbro. Usbaldo Castaño Zapata / Arquidiócesis de Tulancingo
Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia para que se unan a una práctica fijada por el Señor.

La penitencia interior del cristiano tiene diversas expresiones como el ayuno, la oración y la limosna; especialmente durante el tiempo de Cuaresma y el viernes, día penitencial, estas prácticas expresan la conversión, con sigo mismo, con Dios y con los demás.

El cuarto precepto de la Iglesia establece que el cristiano debe abstenerse de comer carne y observar el ayuno los días establecidos por la Iglesia; para recibir el sacramento de la Eucaristía los fieles deben observar el ayuno de una hora antes de comulgar (Canon 919). Asimismo, todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan a una práctica se han fijado algunos días penitenciales en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y caridad y se nieguen a sí mismos para cumplir con mayor fidelidad sus propias obligaciones y sobre todo se observe el ayuno y la abstinencia.

En la Iglesia universal son días de penitencia todos los viernes del año mediante el ayuno, la abstinencia de carne o bien a través de alguna otra mortificación ofrecida al Señor.

Con más énfasis el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo se ha de guardar el ayuno (sólo obliga a todos los mayores de 14 años y menores de 60) y la abstinencia de carne para todos.

Si bien es cierto que han habido diferentes posturas que suavizan esta penitencia al proponer cambios por otro tipo de mortificación, se ha caído en una práctica muy relajada en la que casi se ha abandonado la penitencia tan provechosa para la santificación.

No hay que perder de vista que lo importante no es que si obliga o no, sino el provecho espiritual que de ella se desprende; mortificar el cuerpo, el orgullo y el confort fortalece al espíritu para alcanzar bienes mayores, y esta es también una manera de unirse a la pasión de Cristo en beneficio propio y de la humanidad entera.

 

 

 






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