CATEQUESIS

marzo 7, 2017

El día de la familia

Verónica González / Red Familia 

Este núcleo es la primera escuela de virtudes que toda sociedad necesita para poder funcionar de manera ordenada.

Desde hace algunos años escuchamos en diferentes medios de comunicación que marzo es el mes de la familia. Hay incluso instituciones escolares que implementan actividades de convivencia entre padres e hijos con motivo de este festejo.

Alguien podría preguntarse ¿por qué se instituyó el Día de la Familia y qué tiene de importante esta institución? Pues es nada menos que el primer espacio social de todos los seres humanos; es en la familia donde se desarrollan nuestras capacidades y adquirimos las herramientas emocionales que nos servirán de base para enfrentarnos al mundo.

Pero, sobre todo, en la naturaleza de la familia está el ser la primera experiencia de amor que nos guíe e impulse a ser mejores personas y, como consecuencia, buenos ciudadanos. No olvidemos que el final siempre dependerá del principio, porque el principio es la causa y el final los efectos y consecuencias.

Es muy común escuchar en las noticias que la delincuencia se ha incrementado, que el consumo de drogas en los jóvenes es creciente, que la depresión y el suicidio se presenta ahora a edades más tempranas. Podríamos preguntarnos ¿qué puede hacer que un niño de diez años pierda la esperanza y tome la decisión de quitarse la vida? ¿Dónde estaba ese primer núcleo social que es la familia? La crisis social que vivimos actualmente no es otra cosa que el reflejo de la crisis por la cual atraviesan algunas familias.

Sabemos que el ritmo de vida que llevamos en la actualidad, sobre todo en las grandes ciudades, donde invertimos hasta cuatro horas de nuestro tiempo únicamente en traslado de nuestra casa al trabajo, las familias han disminuido su tiempo de convivencia y comunicación.

Esto ha debilitado la unidad familiar al minar la eficacia en el proceso de mejora personal de sus miembros. De ahí la importancia de fortalecer, apoyar y promover esta célula social. La familia tiene que retomar su responsabilidad de formadora y educadora de ciudadanos emocionalmente sanos.

En la medida que el ser humano se siente acogido, amado y apoyado dentro de su familia, disminuye el riesgo de caer en conductas nocivas como el alcoholismo, la drogadicción, el pandillerismo, la depresión y los trastornos de alimentación, ya que es en la familia donde encontramos el sentido de la vida y ponemos en práctica los valores porque experimentamos la aceptación incondicional.

Es también la que nos proporciona la plataforma para el desarrollo de la convivencia y las relaciones sociales, aprendemos la empatía y desarrollamos nuestra identidad como personas; los miembros de una familia, más allá de compartir espacios físicos y cosas materiales, comparten valores, afectos, proyectos, ideales y sueños.

Escuela de virtudes

La familia es la primera escuela de virtudes que toda sociedad necesita para poder funcionar de manera ordenada y el principal factor protector para prevenir las conductas de riesgo.

La vida familiar no necesita de grandes cosas o de esfuerzos sobrehumanos, sólo necesitamos cuidarla con pequeños detalles. El secreto de una sana convivencia muchas veces radica en la cordialidad de esas pequeñas cosas que a veces pasamos por alto.

Ejemplo de ello, el dar los buenos días y despedirnos con un abrazo antes de irnos al trabajo o a la escuela; demostrarles a los nuestros el afecto es uno de los mejores regalos que podemos dar.






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