Para conocer sobre liturgia

junio 7, 2018

El domingo como día de la colecta

Hna. M. Guadalupe Puente Cuevas / Misionera de Jesús Hostia

Los cristianos colaboramos con los gastos del templo y ayudamos a los necesitados.

Cuando afirmamos que la “celebración” del domingo proviene de la tradición apostólica, pretendemos aseverar que los cristianos, desde tiempos apostólicos, se reunían en asamblea el día domingo para celebrar la Eucaristía.

Los tres pasajes del Nuevo Testamento (NT) más importantes son: (1 Cor 16,1-2; Hech 20, 7-12; Ap 1,9-10); estos textos prueban que ya desde tiempos apostólicos la comunidad cristiana se reunía el día domingo para celebrar la Eucaristía.

En el texto de la Primera Carta a los Corintios, Pablo se dirige a los cristianos de Corinto, invitándolos a preparar la colecta para los hermanos de la Iglesia de Jerusalén.

El apóstol les había prometido a Pedro, Santiago y Juan que tendría presente a los hermanos pobres de Palestina, y ahora les recomienda a los hermanos de Corinto reunir las ofrendas para tal fin (Cf. Gál 2,10).

La importancia de este pasaje radica en el día que Pablo señala para preparar la colecta: «Todos los domingos», que en la terminología judía señala el día siguiente al sábado. Probablemente el apóstol sugiere dicho día para garantizar la regularidad en la recolección de los ahorros para los pobres.

Este hecho confirma que la comunidad cristiana de Corinto se apega al ritmo de la semana judía de siete días y que el primer día después del sábado posee un significado especial. ¿Cuál?

Ciertamente en el texto no se habla explícitamente de asamblea cristiana ni de culto; sin embargo, Pablo llama a la “colecta” como leithourgia, es decir «servicio sagrado» (Cf. 2 Cor 9,12; Rom 15,25-27), expresión que podría indicar su vínculo con la asamblea cristiana en el ejercicio del culto.

Además, en 1 Cor 11,20 se habla de la Cena del Señor, la celebración Eucarística en que participa la comunidad de Corinto, y que podría ser la celebrada el domingo. Posteriormente, a mediados del siglo II, luego de tomar un testimonio de Justino, las ofrendas a favor de los necesitados se realizaban, en Roma, al final de la asamblea Eucarística dominical.

La encíclica Dies Domini, en el número 70, cita el texto de Pablo, al que nos referimos cuando habla del domingo como «día de solidaridad».

«De hecho, desde los tiempos apostólicos la reunión dominical fue para los cristianos un momento para compartir fraternalmente con los más pobres. Cada primer día de la semana, cada uno de ustedes reserve en su casa lo que haya podido ahorrar» (1 Cor 16,2).

 

 






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