Para conocer sobre liturgia

mayo 25, 2018

El domingo como día de la Trinidad

Hna. M. Guadalupe Puente Cuevas 

Todo procede del Padre, por medio del Hijo encarnado en la presencia entre nosotros del Espíritu.

Hasta expresión no es del tiempo de los padres, sólo la encontramos a partir de mediados del siglo IX. Posteriormente, siglo XII, en la celebración dominical, se confirma el uso del prefacio de la Trinidad.

Roma prescribe este prefacio a mediados del siglo XVII para todos los domingos del tiempo no vinculadas con alguna festividad (incluso Adviento), esta costumbre continuó vigente hasta la reforma propuesta en el Vaticano II, porque el domingo no surgía como día de la Resurrección, sino más bien se presentaba como día de la Trinidad.

Con la reforma reciente, el domingo recupera su dimensión principal, que es “cristológica-pascual”. Sin embargo, observemos que existe un prefacio del tiempo ordinario que trata sobre “La unidad de la Iglesia proviene de la unidad Trinitaria”.

Se incluye como uno de los prefacios a elegir para los domingos del Tiempo Ordinario que dice así: «Pues quisiste reunir de nuevo, por la sangre de tu Hijo y la acción del Espíritu Santo, a los hijos dispersos por el pecado; para que tu pueblo, congregado a imagen de la unidad trinitaria, fuera reconocido como Iglesia, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu, para alabanza de tu sabiduría infinita».

Tengamos en cuenta que el domingo es el día del Señor que convoca a reunirse en Asamblea, día de la Iglesia que se reúne formando un solo Cuerpo con Cristo, su cabeza, y es el Espíritu quien mueve los corazones para alabar a Dios y dejarse transformar por Él.

El domingo, día de la redención, no puede no ser también el día de la Trinidad, porque la obra de la salvación es común a las tres Personas: Dios Padre nos salva a través de Cristo en el Espíritu.

Todo procede del Padre, por medio del Hijo encarnado en la presencia entre nosotros del Espíritu, que al unirnos con el Hijo reconduce todo al Padre, es lo que llamamos el “Misterio de la Santísima Trinidad”.

El prefacio de la solemnidad de la Santísima Trinidad nos lo dice muy claramente: «Que con tu Hijo único y el Espíritu Santo, eres un solo Dios, un solo Señor, no en la singularidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Y lo que creemos de tu gloria, porque tú lo revelaste, eso mismo lo afirmamos de tu Hijo y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos a tres personas distintas, en la unidad de un solo ser e iguales en su majestad».

Valoremos el Domingo como día principal de la celebración de nuestra fe, participemos de manera activa, consciente y digna en la Asamblea dominical y acojamos los frutos que Dios en su infinita misericordia nos otorga cada vez que nos acercamos a Él.

 

 






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