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enero 16, 2020

El mejor de los regalos y la mayor de las responsabilidades

Por: Pbro. Juan Lázaro Escamilla / Arquidiócesis de Tulancingo

«Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, pues la vida se manifestó y nosotros la hemos visto y damos testimonio y anunciamos la vida eterna, que estaba vuelta hacia el padre y que se nos manifestó…» (1 Jn 1,1-2).

Recién hemos celebrado el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, Él ha sido el motivo original por el cual nos alegramos, intercambiamos regalos, preparamos cenas; y de ello muy probablemente participaron incluso quienes promueven el aborto.

El Señor Jesús es la Palabra y es la vida que se ha entregado como oblación para rescatarnos. Cuando decimos que la vida es el mejor de los regalos, hacemos referencia al don que Dios hace de sí para nuestro bien en la libertad y en la verdad.

Cuando señalamos que la vida es la mayor de las responsabilidades, enfatizamos que, puesto gracias a la Palabra y antes éramos imagen y semejanza, ahora además somos hijos: nuestra naturaleza ha sido exaltada, nuestra carne honrada…

La vida humana debe ser salvaguardada desde su origen y respetada hasta su muerte natural, porque existe en el hombre un código distinto, único e irrepetible que Dios quiso imprimirnos: su propio ser en el Hijo único y que se hizo hombre.

Cada familia edúquese en el don de la vida y esmérese por propagarla, asistirla, defenderla y promoverla, es el regalo más grande y la primera responsabilidad que tenemos.

 






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