CATEQUESIS

junio 5, 2017

El misterio pascual (quinta parte)

Por: Pbro. Usbaldo Castaño Zapata / Arquidiócesis de Tulancingo

Pentecostés, día en el que también podemos considerar que nace la Iglesia.

La Pascua de Cristo se consuma con la efusión del Espíritu Santo que se manifiesta, da y comunica como persona divina; en este día se revela plenamente la Santísima Trinidad, desde ese día el Reino de Dios está abierto a todos los que creen en Jesucristo.

La misión de Cristo y del Espíritu Santo se realiza en la Iglesia, que es cuerpo místico de Cristo y templo del Espíritu Santo; esta misión asocia desde ahora a los fieles de Cristo en comunión con el Espíritu Santo, al Padre.

Puesto que el Espíritu Santo es unción de Cristo, es Cristo cabeza quien lo distribuye a todos sus miembros para alimentarlos, sanarlos y organizarlos en sus distintas funciones al servicio de la comunidad.

Es por medio de los sacramentos que Cristo comunica el Espíritu Santo a los miembros de la Iglesia, el cual produce en ellos frutos abundantes de vida nueva en Cristo.

El Espíritu Santo viene en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir cómo conviene, pero el Espíritu Santo intercede por nosotros. (cfr Rom 8,26)

Cuando celebramos Pentecostés, celebramos la plenitud de la Pascua, así el misterio pascual que iniciamos con los acontecimientos de la pasión tienen su plenitud en la efusión del Espíritu del Resucitado.

La Iglesia, acompañada de esta fuerza tan especial, tiene el encargo de continuar la misión de Cristo

El misterio de la encarnación, en cierto modo, se da en el tiempo y en la historia a través de la misión de la Iglesia, cuerpo místico de Cristo.






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