CATEQUESIS

Abril 21, 2017

El misterio pascual (segunda parte)

Pbro. Usbaldo Castaño Zapatan / Arquidiócesis de Tulancingo

Dios asume nuestra carne mortal, desfigurada por el pecado y flagelada por el engaño y la mentira.

El profeta Isaías dice: «Muchos se horrorizaron al verlo, pues tan desfigurado estaba, que ya ni parecía hombre, no tenía ni aspecto humano, pero así también muchos pueblos se admirarán de él, a su vista muchos reyes enmudecerán de asombro porque verán algo jamás narrado y contemplarán algo inaudito».

¡Qué admirable misterio! Dios asume nuestra carne mortal, desfigurada por el pecado, flagelada por el engaño y la mentira, lacerada por la corrupción, despreciada por el alejamiento y la ofrece en el altar de la cruz.

«Gran escándalo para los judíos, locura para los griegos», como dice San Pablo, cargó sobre sí nuestros crímenes, un Dios humillado que no se defiende, que no hace uso de su poder para liberarse, ni castiga a sus verdugos; al contrario, ama a sus enemigos, con un amor que no se deja vencer por el odio y la sinrazón, por eso Dios lo glorificó.

Se entregó por nosotros, a Dios, como oblación de suave fragancia, nos redimió no con sangre de toros u otros animales, sino con su propia sangre; Él es el que manifestó en su sola persona todo lo que sabía que era necesario para nuestra redención, es por tanto el sumo y eterno sacerdote, por el que fuimos absueltos de nuestras culpas.

Entonces vieron los hombres de todos los tiempos algo inaudito, algo inimaginable, al Hijo de Dios resucitado llevando consigo a toda la humanidad, nos hizo partícipes de su vida divina.

Por el bautismo que prolonga en el tiempo su misterio pascual nos hace resucitar a una vida nueva y nos colma de su dignidad al hacernos hijos de su Padre Dios y partícipes de su vida divina.

Tomemos en cuenta que los que antes no éramos nada, ahora somos pueblo de Dios, el rebaño que Él cuida y protege; sigamos su voz porque Él nos conducirá a la verdad plena y la verdad nos hará libres.

 

 






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