CATEQUESIS

julio 16, 2015

El papel fundamental del catequista y su preparación

Por: Pbro. Flavio Naranjo Martínez / Diócesis de Huejutla

Su servicio es hermoso, pero también es una tarea sumamente ardua y dedicada, porque no es una enseñanza, sino la transmisión de un mensaje de vida

La catequesis nos plantea no sólo los retos que ya se mencionaban en el artículo pasado (la difusión de la indiferencia religiosa y de incredulidad, la crisis en el proceso de iniciación cristiana y la crisis de la credibilidad de la iglesia, entre otros), sino el de la formación permanente de la persona que realiza este ministerio. Es decir, que se garantice la mentalidad de base del catequista o responsable de la catequesis, suministrando elementos y pautas para poder responder a las cuestiones esenciales que están en la base de toda acción eficaz: qué es la catequesis, cuáles son sus condiciones básicas, qué fin se propone, qué papel desarrolla en la comunidad eclesial, quiénes son sus responsables, hacia dónde debe caminar…

Comúnmente encontramos personas de muy buena voluntad con arduo deseo de prestar este servicio dedicando un espacio de su tiempo, pero también es cotidiano darnos cuenta que muchas de ellas no aceptan la responsabilidad de su formación. Entonces se vuelve repe- titiva esta frase: “Sí ayudo, pero no me pida ir a reuniones”, siendo que es en estas donde tendrán que recibir la capacitación necesaria para prestar de manera más eficiente este servicio.

Este es el reto para el encargado de una comunidad parroquial, hacer que quienes ayudan en este ministerio caigan en la cuenta que no sólo implica la buena voluntad, sino que exige de una preparación básica y fundamental en el conocimiento de los principios cristianos, y además en un crecimiento espiritual que debe expresarse en su propia vida y en su relación con la comunidad. Nos dice el papa Juan Pablo II: «El servicio de la catequesis es hermoso, pero también es una tarea sumamente ardua y dedicada, porque la catequesis no es una en- señanza, sino la transmisión de un mensaje de vida, como jamás será posible encontrar en otras expresiones del pensamiento, por sublimes que sean».

Por ello –decía- no basta ser accesible, esta postura es necesaria para que se inicie el caminar, pero también para nutrir los esfuerzos de hacerse de una formación integral que le ayude al encargado sentirse verdadero discípulo de Jesús llamado a una misión y sobre todo parte del pueblo de Dios. Por lo tanto, es importante que comprenda que es enviado como un hermano entre hermanos a predicar la buena noticia a su comunidad, factor que le ayuda a iniciarse a la vida comunitaria y a descubrir que es ahí, en el diario vivir, donde Dios le habla, donde se encuentra con el Señor.

El catequista es un cristiano con identidad propia que ha desarrollado una espiritualidad que lo identifica, que entiende que la catequesis no es una actividad temporal. El brindarla no es un escape a su realidad para dejar los problemas que le aquejan y vivir en un mundo diferente por un tiempo determinado. Por el contrario, es mediante su testimonio de vida donde muestra que sabe afrontar esos problemas con fe y salir victoriosa porque confía en Dios y es capaz de dejarse guiar por Él. Le distinguen el agradecimiento, la esperanza y sobre todo la convicción y su fe.

Pero esto no se puede sin una verdadera formación integral que haga reforzar estos principios. ¿Cómo hacer para que muchos de nuestros catequistas tomen consciencia de la necesidad de su formación, cuando creen saberlo todo?

 






0 Comments


Seras el primero en commentar!


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *