CATEQUESIS

junio 28, 2018

El segundo mandamiento

Pbro. usbaldo Castaño Zapata / Arquidiócesis de Tulancingo

El cristiano debe testimoniar el nombre de Dios y confesar su fe con respeto y adoración.

No tomar falsamente el nombre de Dios. El nombre del Señor es santo, el Salmo 8 dice: «Señor Dios nuestro, ¡qué admirable es tu nombre por toda la tierra!»; respetar el nombre del Señor prohíbe usar de manera inconveniente su nombre.

El cristiano debe testimoniar el nombre de Dios y confesar su fe con respeto y adoración; las promesas hechas en nombre de Dios comprometen el honor, la fidelidad, la veracidad y la autoridad divinas, por lo que deben ser respetadas; ser infiel a ellas es abusar del nombre del Señor.

Blasfemia

Contraria al respeto debido a Dios y a su santo nombre, ya que se opone directamente al segundo mandamiento, lo cual consiste en proferir contra Dios, interna o externamente, palabras de odio, reproche, desafío, injurias o culparlo de los males existentes.

La prohibición de la blasfemia se extiende a las palabras contra la Iglesia de Cristo, los santos y las cosas sagradas; es también blasfemia recurrir al nombre de Dios para justificar crímenes, someter a otros a la servidumbre, torturar o dar muerte.

También este mandamiento prohíbe el juramento falso; jurar es tomar a Dios por testigo de lo que se afirma, es invocar la veracidad divina como garantía de la propia veracidad.

Perjurio

Quien bajo juramento hace una promesa que no tiene intención de cumplir, o que después de prometer bajo juramento no la cumple, el perjurio constituye una grave falta contra el sagrado nombre de Dios.

La santidad del nombre divino exige no recurrir a Él por motivos frívolos, poco importantes, y no prestar juramento por circunstancias que pudieran hacerlo interpretar como una aprobación de una autoridad que lo exige injustamente.

 






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