Para conocer sobre liturgia

junio 20, 2017

El tiempo ordinario

Por: Hna. M. Guadalupe Puente Cuevas / Misionera de Jesús Hostia

En este periodo debemos buscar crecer y madurar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor.

El Año Litúrgico lo conforman los siguientes tiempos: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y Tiempo Ordinario, este último una novedad de la reforma postconciliar ya que antes eran llamados “domingos después de Epifanía” y “domingos después de Pentecostés”, o “domingos verdes”, por el color litúrgico que se emplea.

Con este nombre se le quiere distinguir de los “tiempos fuertes”, que son el ciclo de Pascua y el de Navidad con su respectiva preparación y prolongación. Es el tiempo más antiguo de la organización del año cristiano. Y además, ocupa la mayor parte: 33 o 34 semanas, de las 52 que hay.

Cada domingo tiene valor propio: además de los tiempos que tienen carácter propio, quedan 34 semanas en el curso del año en las cuales no se celebra algún aspecto peculiar del misterio de Cristo, sino que más bien se recuerda el misterio mismo de Cristo en su plenitud.

El Tiempo Ordinario tiene su gracia particular que hay que pedir a Dios y buscarla con toda la ilusión de nuestra vida: así como en este vemos a un Cristo ya maduro, responsable ante la misión que le encomendó su Padre, le vemos crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres.

Así también nosotros, en el Tiempo Ordinario, debemos buscar crecer y madurar nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor, y sobre todo, cumplir con gozo la voluntad de Dios. Es la gracia que debemos buscar e implorar en estas 34 semanas del Tiempo Ordinario.

El espíritu del Tiempo Ordinario queda bien descrito en el prefacio VI dominical de la Misa: «En ti vivimos, nos movemos y existimos; y todavía peregrinos en este mundo, no sólo experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya en prenda la vida futura, pues esperamos gozar de la Pascua eterna, porque tenemos las primicias del Espíritu por el que resucitaste a Jesús de entre los muertos».

Este Tiempo Ordinario se divide en dos “partes”. El tiempo ordinario comienza el lunes siguiente al domingo del Bautismo del Señor hasta el Miércoles de Ceniza, para reanudarse el lunes después del domingo de Pentecostés y terminar antes de las primeras vísperas del primer domingo de Adviento.

A partir del domingo III se inicia la lectura semicontinua de los tres Evangelios sinópticos, uno por cada ciclo A, B y C; de forma que se presentan sus contenidos a medida que se desarrolla la vida y predicación del Señor. Como hemos indicado, después de la Epifanía y del Bautismo del Señor se leen los comienzos del ministerio público de Jesús y al final del año litúrgico se llega espontáneamente a los temas escatológicos propios de los últimos domingos del año.

 

 






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