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noviembre 13, 2018

El último adiós a Don Pedro Arandadíaz Muñoz

Por: Filiberto Monter Santiago

El primer arzobispo de Tulancingo dispuso que en su lápida mortuoria, colocada en Catedral, se escribiera: “Creo en el amor que Dios nos tiene. Rueguen por mi eterno descanso”.

La Santa Iglesia de Catedral fue preparada para despedir a su primer arzobispo, con la presencia de sacerdotes, familia, amigos, religiosas, seminaristas y autoridades civiles, para dar el último adiós a quien dirigiera la Iglesia de Tulancingo por poco más de 32 años.

“Don Pedro ya se encuentra con Dios; Don Pedro, arzobispo emérito de Tulancingo, ha llegado a su casa”, afirmó Mons. Domingo Díaz Martínez al inicio de su homilía, en el marco de la Misa exequial que celebró junto a los obispos de Huejutla, Tula y Ciudad Juárez.

El obispo, quien llegó de Tuxpan para continuar con la misión de Arandadíaz Muñoz hace poco más de diez años, reflexionó sobre la partida de quien calificó como “padre y apóstol” para la diócesis.

“Se terminó el tiempo de dar con una mano, ahora continúa el tiempo de recibir con las dos; se terminó el tiempo de orar, ahora viene el tiempo de contemplar y gozar; ha llegado a su fin el tiempo de la tentación, ahora viene el tiempo de la contemplación”.

“Se acabó el tiempo de sufrir, ahora viene el tiempo del buen vivir; ha finalizado el tiempo de amar, ahora viene el tiempo de ser amado; se acabó el tiempo de construir la casa, ahora viene el tiempo de vivir en ella”, agregó.

El actual obispo de Tulancingo presidió los ritos de exequias de quien muchas veces llamó “hermano”; dio pauta al encendido del Cirio Pascual, la colocación de la casulla y estola; y del Evangeliario sobre el féretro que yacía antes de la escalinata principal, al centro del templo.

“Terminó el tiempo de buscar los bienes que no se ven, ahora sigue el tiempo para disfrutar siempre de ellos; se agotó el tiempo de enseñar la verdad, ahora ha llegado el tiempo de vivir en ella”, ahondó.

La Misa exequial de Don Pedro Arandadíaz Muñoz logró reunir a más de mil personas que llegaron a Catedral provenientes de varias partes de la diócesis donde muchas veces se le vio como pastor, además de las que se encontraban en el atrio y claustro del recinto religioso, donde se colocaron pantallas para seguir la transmisión.

Tras el Salmo, el Evangelio y la Letanía de los Santos, entonados de manera solemne, se dio paso al prefacio de difuntos, con la participación de la comunidad reunida.

“Se terminó la oportunidad de escuchar la música de los hombres, ahora siempre escuchará Don Pedro la música de los ángeles y el canto de los arcángeles; finalizó para nuestro arzobispo emérito la oportunidad de ocuparse de las cosas de Dios, ahora su futuro será estar siempre con Dios”, sentenció.

Sacerdotes, la mayoría ordenados por Mons. Pedro Arandadíaz Muñoz, acompañaron el breve recorrido del féretro para brindarle el último adiós, ser testigos de la aspersión e incensación del cuerpo y presenciar la colocación en el sepulcro de un obispo por primera vez en 100 años en la Catedral de Tulancingo.

Domingo Díaz Martínez aprovechó para llamar a la feligresía presente: “Creer en el Reino es de sabios, buscar el Reino es de inteligentes; esperar en el Reino es de prudentes, reflexionar en el Reino es de expertos; recomendar el Reino es de bienhechores, pensar en el Reino es de contemplativos; desear el Reino es de ganadores, trabajar por el Reino es de santos”.

Con la seguridad de que a Don Pedro Arandadíaz Muñoz “jamás lo alcanzará tormento alguno”, el obispo instó a la comunidad: “Nosotros hagamos el bien para disfrutar el Reino para siempre”.

Pedro Arandadíaz Muñoz, primer arzobispo de Tulancingo, nació el 29 de junio de 1933 y falleció el 11 de noviembre de 2018; dispuso que en su lápida mortuoria, colocada en Catedral, se escribiera: “Creo en el amor que Dios nos tiene. Rueguen por mi eterno descanso”.

 

 

 

 






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