Editorial

noviembre 27, 2018

Hacia los 500 años del Acontecimiento Guadalupano Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez

Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez / Obispo de Tula

En estos días de fiestas en honor de la Morenita del Tepeyac, no son cientos ni miles, sino millones que visitan sus santuarios y le expresan de mil formas su amor.

La serenata que le brindan importantes artistas en su Basílica; las llamadas “antorchas guadalupanas” en las que participan miles de jóvenes de nuestros pueblos hidalguenses, quienes recorren largas distancias, en relevos, con una llama encendida y con diferentes símbolos guadalupanos.

Las innumerables peregrinaciones en todas las carreteras del país, a pie, en bicicleta, moto y en otro tipo de transporte, son expresiones guadalupanas con las que nuestro pueblo mexicano honra a la “Madre del Dios por quien se vive”.

El Papa Francisco, el 12 de diciembre de 2016, dijo en la celebración que realizó en la Basílica de San Pedro: «Celebrar a María es, en primer lugar, hacer memoria de la madre, hacer memoria de que no somos ni seremos nunca un pueblo huérfano. ¡Tenemos Madre! Y donde está la madre hay siempre presencia y sabor a hogar. Donde está la madre, los hermanos se podrán pelear, pero siempre triunfará el sentido de unidad. Donde está la madre no faltará la lucha a favor de la fraternidad. Celebrar la memoria de María es afirmar contra todo pronóstico que en el corazón y en la vida de nuestros pueblos late un fuerte sentido de esperanza, no obstante las condiciones de vida que parecen ofuscar toda esperanza. Al igual que Juan Diego, sabemos que aquí está nuestra Madre, sabemos que estamos bajo su sombra y su resguardo, que es la fuente de nuestra alegría, que estamos en el cruce de sus brazos».

En María de Guadalupe los mexicanos encontramos una Madre amorosa, rostro materno de Dios. Los obispos mexicanos, en el Proyecto Global Pastoral en el que nos invitan a preparar los 500 años del Acontecimiento Guadalupano (2031) y con miras hacia el 2 mil aniversario de la Redención (2033), nos invitan a refrendar el compromiso de construir la “casita sagrada” que pidió la Virgen María al obispo Fray Juan de Zumárraga, tras enviarle su mensaje por medio de San Juan Diego.

Esta “casita sagrada” es nuestro querido México, lugar donde nadie se debe sentir extraño, pues es lugar de encuentro, convivencia y cercanía con los seres queridos.

En una sociedad fragmentada como la nuestra, el Acontecimiento Guadalupano nos invita a vivir la primacía de la caridad, la comunión y la reconciliación.

Esta tarea común es la que ha dado identidad desde sus orígenes a nuestra nación, y lo que ahora nos llena de esperanza para construir un México más justo, solidario y fraterno bajo la mirada siempre llena de amor y ternura de Santa María de Guadalupe.

PAPA FRANCISCO

«Mirar a la Guadalupana es recordar que la visita del Señor pasa siempre por medio de aquellos que logran ‘hacer carne’ su Palabra, que buscan encarnar la vida de Dios en sus entrañas, volviéndose signos vivos de su misericordia».

 






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