Editorial

mayo 29, 2019

Jóvenes, ustedes son el ahora de Dios

Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez / Obispo de Tula

Así titula Francisco el capítulo tercero de Christus vivit (Vive Cristo, esperanza nuestra), que firmó en el santuario de Loreto, en Italia, el pasado 25 de marzo, fiesta de la Encarnación del Señor.

Esta Exhortación Apostólica es la carta magna del futuro de la Pastoral Juvenil y Vocacional en las diversas comunidades eclesiales, todas marcadas por una profunda transformación de la condición juvenil.

Como afirma el Papa: «Me he dejado inspirar por la riqueza de las reflexiones y diálogos del Sínodo del año pasado. No puedré recoger aquí todos los aportes que ustedes podrán leer en el documento final, pero he tratado de asumir en la redacción de esta carta, las propuestas que me parecieron más significativas» (No. 4).

La Exhortación Apostólica tiene nueve capítulos compuestos por 299 números, en ella María, la muchacha de Nazaret, modelo para una Iglesia joven (No. 43), está presente en el documento del cual el Papa afirma: «La Virgen María, la joven llena de gracia, sigue hablando hoy a las nuevas generaciones, acompañando a cada uno en la búsqueda de su propia vocación».

Es un documento que vale la pena leer y releer, pues nos da muchos y valiosos elementos para anunciar a los jóvenes de hoy la buena noticia que de manera transversal se encuentra en toda la Exhortación.

«Cristo vive. Él es nuestra esperanza y la juventud más hermosa de este mundo. Todo lo que toca se hace joven, se hace nuevo, se llena de vida. Por lo tanto, las primeras palabras que quiero dirigir a cada joven cristiano son: ¡Él vive y te quiere vivo!» (No. 1).

Es un documento que nos impulsa a todos a construir “la civilización del amor y la alegría” por medio de la Pastoral Juvenil; nuestra Iglesia necesita un rostro joven. Jesús, el eternamente joven, quiere regalar­nos un corazón siempre joven […].

Esto significa que la verdadera juventud es tener un corazón capaz de amar (No. 13). Un joven no pue­de estar desanimado, lo suyo es soñar cosas grandes, por eso insisto a los jóvenes que no se dejen robar la esperanza (No. 15).

En esta Exhortación el Papa habla a los jóvenes, y habla de los jóvenes. En su lectura plantea preguntas o deja cabos sueltos para que uno se plantee preguntas, aunque no estén ahí formuladas, en relación a la vida, la vocación, el trabajo, la amistad, la sexualidad, los migrantes, el ambiente digital, los abusos, la pastoral.

No saca él mismo las conclusiones, sino que las plantea; por ejemplo: «Tú tienes que descubrir quién eres y desarrollar tu forma propia de ser santo, más allá de lo que digan y opinen los demás. Llegar a ser santo es llegar a ser más plenamente tú mismo, a ser ese que Dios quiso soñar y crear, no una fotocopia. Tu vida debe ser un estímulo profético que impulse a otros, que deje una marca en este mundo, esa marca única que solo tú podrás dejar» (No. 162).

La exhortación concluye con “un deseo” de Francisco: «Queridos jóvenes, me alegrará verles correr más rápido que los que son lentos y temerosos. Corran y sean atraídos por ese rostro tan amado, que adoramos en la Sagrada Eucaristía y reconocemos en la carne de nuestro hermano que sufre… La Iglesia necesita de su impulso, de sus intuiciones, de su fe… Y cuando lleguen a donde todavía no hemos llegado, tengan la paciencia de esperar por nosotros» (No. 299).

 

 






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