Editorial

octubre 10, 2018

Juventud pregonera de justicia y paz

† Mons. José Hiraís Acosta Beltran  

Al concluir el Año de la Juventud podemos preguntarnos cómo lo hemos aprovechado para crecer como jóvenes comprometidos consigo mismos, con su familias, con sus estudios, con su trabajo, con sus amigos, con la vida social.

Pues en todas estas dimensiones de la vida se necesita una transformación que implante en ellas el reino de Cristo, reino de justicia, de paz y de reconciliación.

Desde muchos ángulos se trabaja de alguna manera por la paz y por la justicia; autoridades hacen lo propio, aunque a veces no logran plenamente el objetivo esperado. Las instituciones hacen lo conveniente.

Como jóvenes cristianos hagan lo que les corresponde: crean en su poder transformador, en sus esperanzas de un mundo mejor. Háganlo con su testimonio al vivir los valores del reino de Cristo: la justicia y la paz.

A ustedes les corresponde reconstruir la sociedad dañada, mirar a Cristo, nuestro modelo; deben y pueden hacerlo. Hoy ustedes, al secundar la obra de Cristo, sabiéndose envidos por Él, podrán lograr ese ideal de Jesús, por su bien y por el de las futuras generaciones.

Jóvenes, ante circunstancias actuales muy difíciles, por las cuales muchos de nuestros hermanos jóvenes han padecido serias consecuencias: secuestro, crimen organizado, alcoholismo y drogadicción, entre otras, es importante que se llenen de Cristo y de su Espíritu Santo para poder enfrentar tales situaciones con fortaleza.

Resistan al enemigo que se manifiesta ordinariamente a través del pecado y, por otro lado, pregonen con su vida su deseo y la lucha por la paz y la justicia.

Estos valores del reino de Cristo se reciben en el ambiente familiar, pero también se fraguan en nuestra praxis de vida cotidiana viviéndolos, asumiéndolos.

Se requiere la virtud de la justicia en época en la que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos está seriamente amenazada por la tendencia a recurrir a los criterios de utilidad, del beneficio y del tener; por ello es importante  no separar el concepto de justicia de sus raíces transcendentes.

La justicia no es una simple convención humana, ya que lo que es justo no está determinado originariamente por la ley positiva, sino por la identidad profunda del ser humano.

La visión integral del hombre es lo que permite vivir en la justicia, pero también dar paso al amor. «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados» (Mt 5,6); serán saciados porque tienen hambre y sed de relaciones rectas con Dios, consigo mismos, con sus hermanos y hermanas, y con toda la creación.

La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas, la paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos; la práctica asidua de la fraternidad.

La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad, y es ante todo don de Dios; los cristianos creemos que Cristo es nuestra verdadera paz: en Él, en su cruz, Dios ha reconciliado consigo al mundo y ha destruido las barreras que nos separaban a unos de otros (cf. Ef 2,14-18).

La paz no es solo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir, pero para ser verdaderamente constructores de la paz debemos ser educados en la compasión.

Hemos de ser activos dentro de las comunidades y atentos a despertar las consciencias sobre las cuestiones nacionales e internacionales, así como buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos.

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», dice Jesús (Mt 5,9). Invito de modo particular a los jóvenes que mantienen siempre viva la tensión hacia los ideales, a tener paciencia y constancia de buscar la justicia y la paz, de cultivar el gusto por lo que es justo y verdadero, aun cuando esto pueda comportar sacrificio e ir contracorriente.






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