Editorial

octubre 12, 2019

La celebración de Xantolo, oportunidad para celebrar la vida nueva

MONS. JOSÉ HIRAÍS ACOSTA BELTRÁN

Estamos a poco tiempo de vivir una de las tradiciones de los pueblos originarios y mestizos: La fiesta de Todos Santos (Xantolo), y, junto con ella, la celebración de los fieles difuntos.

Es una fiesta que comprende del 30 de octubre al 2 o 3 de noviembre, según la región. Es una celebración de las más importantes las culturas precolombinas que se han conservado tanto en los pueblos originarios y mestizos de México, y de otros países.

Es una celebración en la cual confluyen muchos valores de los pueblos pues se celebra, en primer lugar, la nueva vida de los seres queridos que han muerto; la luz de Dios o de Cristo resucitado en medio del pueblo; la vida comunitaria, la solidaridad y la comunión entre las familias.

Es una oportunidad para el encuentro entre los humanos vivos y los que han muerto, que se manifiesta por medio de una gama de símbolos y vivencias, entre ellos el cempoalxóchitl.

Es una flor que, al morir, cae en tierra y germina, vuelve a vivir: símbolo de la resurrección de aquellos familiares, amigos y vecinos que han muerto para este mundo, pero que continúan viviendo una vida nueva, vida nueva a la que todo ser humano viviente espera llegar.

Por lo tanto, con la flor, con la palmilla y cañas y otros tipos de madera se construyen arcos que significan que se da la bienvenida a los seres queridos.

Al encender velas o veladoras se está significando la luz de Cristo, de la cual ya están participando quienes han muerto para este mundo.

Las variadas ofrendas según el día significan también la vida y la comunión. Nuestros seres queridos difuntos no han muerto para siempre, viven vida nueva con Dios y, de alguna manera, estamos en comunión con ellos.

Es una fiesta que nos une, que nos ayuda a convivir también entre nosotros: familia, vecinos y amigos, alegrándonos por el recuerdo de nuestros seres queridos difuntos.

Esta tradición tiene mucho arraigo en nuestra Provincia de Hidalgo, sobre todo en los pueblos originarios: náhuatl, en la Diócesis de Huejutla y Tulancingo; hñahñú, en las Diócesis de Tula y Tulancingo; así como las demás culturas presentes en nuestra provincia, de diferentes pueblos mestizos.

Es importante valorar esta riqueza cultural que Dios ha dado a esta tierra bendita de México: la presencia de los pueblos originarios a lo largo y ancho del territorio nacional, que constituye una de las fuertes raíces de esta nación.

Su presencia es una verdadera bendición, su forma de entender la vida, su relación con Dios, con las comunidades y con la naturaleza, constituye un verdadero valor que enriquece a la sociedad mexicana.

«Sin embargo, hoy los pueblos originarios están amenazados en su existencia física, cultural y espiritual; en sus modos de vida, en sus identidades, en su diversidad, en su territorio y proyecto» (D.A.90; Cfr. PGP-54).

Entre otras amenazas hay que señalar la amenaza de sus territorios, su riqueza natural y cultural, muchas veces impulsada por los intereses económicos o el abandono y la exclusión de sus culturas.

De acuerdo con uno de los compromisos de la Iglesia en México, plasmados en el PGP número 174 (apoyar y acompañar las causas de los pueblos originarios en el cuidado y protección de sus riquezas naturales, de su territorio y su cultura), como personas de Iglesia estamos invitados a participar de esta fiesta, expresión de la cultura que nos han heredado nuestros ante- pasados; tradición viva en nuestros pueblos y familias.

Participemos con respeto evitando caer en excesos, en consumismo y en introducir signos de Halloween; celebremos nuestra fe en la Resurrección del Señor, nuestra esperanza; participemos conviviendo, orando y ofreciendo la Eucaristía por nuestros fieles difuntos.

Imitemos la vida de los Santos que han dado testimonio de vida según el Evangelio, descubramos en nuestras tradiciones las semillas del Verbo, la presencia del Señor que de diferentes maneras ha hablado a su pueblo.

Miremos también la presencia de la Santísima Virgen de Guadalupe, que anunció el Evangelio tomando en su rostro, en su vestidura, en su lenguaje, la cultura de San Juan Diego, los rasgos de la cultura náhuatl.






0 Comments


Seras el primero en commentar!


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *