Editorial

octubre 3, 2017

La Iglesia en la Provincia de Hidalgo y el año de la juventud

MONS. JOSÉ HIRAÍS ACOSTA BELTRÁN OBISPO DE HUEJUTLA

En el contexto de la preparación para la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, sobre el tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocación”, que se celebrará en Roma en octubre de 2018, el Episcopado Mexicano ha decretado el Año de la Juventud en nuestro país para estar en sintonía. Este dará comienzo este mes de octubre.

La razón de estos eventos es la conciencia de la Iglesia, de evangelizar a todos los hombres, y entre ellos a los jóvenes como una prioridad.

La Iglesia quiere acercarse, reconocer, acompañar, escuchar y asumir la vida de los jóvenes en sus lugares vitales; queremos, como Iglesia, encontrarnos y sentir con ellos, queremos comprender sus situaciones para vendar sus heridas y para acompañarlos en el camino.

La opción de la Iglesia por intensificar la evangelización hacia los jóvenes tiene su punto de partida en la realidad de ellos mismos, que aunque en el próximo sínodo se estudiará de forma más exhaustiva, son evidentes muchos aspectos de su realidad en nuestras diócesis de Hidalgo

Los jóvenes son importantes para el fortalecimiento de la sociedad. El Papa Juan Pablo II, en su carta Dilecti Amici, considera que la juventud es una etapa clave de la vida del hombre; tal y como ahora lo hace Francisco, al darles calificativos como riqueza y esperanza.

Los jóvenes viven su propia etapa en sus diferentes dimensiones de crecimiento: físico, psicológico, social, académico, familiar y religioso en miras a lograr la madurez que en muchas ocasiones se refiere sólo a algunas dimensiones como la académica, laboral, y en consecuencia, económica.

Se ve la madurez y la felicidad sólo en algunos aspectos, según el mundo de la economía neoliberal: el consumismo, el placer (hedonismo), el relativismo moral y libertinaje, que nos presentan como valores globalizados.

En el documento de la CEM, “Los jóvenes, destinatarios y protagonistas de la Nueva Evangelización”, se hace un recuento de signos negativos para la vida de la juventud en México: la cultura postmoderna y la descristianización, crisis social, la falta de oportunidades y la desesperanza, la educación como un panorama sombrío, violencia y crimen organizado, entre otros.

La Iglesia en México, en las parroquias de cada diócesis, para dar respuesta a estas situaciones desde el anuncio del Evangelio como una buena noticia para los jóvenes, busca que ellos, al conocer a Cristo, puedan encontrar el verdadero sentido de su vida.






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