Para conocer sobre liturgia

junio 22, 2019

La música en la Liturgia

Redacción / ACI Prensa

Sagrada es aquella que, creada para la celebración del culto divino, posee cualidades de santidad y de perfección de formas.

Dentro de la Liturgia existen elementos artísticos importantes, y por supuesto que entre ellos destacan especialmente la música y el arte sagrado.

Siendo cardenal, el Papa Benedicto XVI dijo: «La importancia que la música tiene en el marco de la religión bíblica puede deducirse sencillamente de un dato: la palabra cantar (junto a sus derivados correspondientes: canto) es una de las más utilizadas en la Biblia.

En el Antiguo Testamento (AT) aparece en 309 ocasiones, mientras que en el Nuevo Testamento (NT), 36; cuando el hombre entra en contacto con Dios las palabras se hacen insuficientes, se despiertan esos ámbitos de la existencia que se convierten espontáneamente en canto.

La música sagrada es aquella que, creada para la celebración del culto divino, posee cualidades de santidad y de perfección de formas.

La música sacra será tanto más santa cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica, ya sea para expresar con mayor delicadeza la oración o para fomentar la unanimidad, y enriquecer de mayor solemnidad los ritos sagrados.

La música sagrada tiene el mismo fin que la Liturgia: la gloria de Dios y la santificación de los fieles; la música sagrada aumenta el decoro y esplendor de las solemnidades litúrgicas.
«La música sacra

–diría el Papa Juan Pablo II- es un medio privilegiado para facilitar una participación activa de los fieles en la acción sagrada, como ya recomen- daba San Pío X».

El cardenal Joseph Ratzinger tiene unas bellas palabras: «La música en la Iglesia surge como un carisma, como un don del Espíritu, es la nueva ‘lengua’ que procede del Espíritu. Sobre todo en ella tiene lugar la sobria embriaguez de la fe, porque en ella se superan todas las posibilidades de la mera racionalidad».

La música no debe dominar la liturgia, sino servirla; en este sentido, antes de San Pío X se celebraban diferentes Misas con orquesta, algunas muy célebres, que se convertían a menudo en un gran concierto durante el cual tenía lugar la Eucaristía.

Ya se desvirtuaba la finalidad profunda de la música litúrgica, la gloria de Dios. Amenazaba la irrupción del virtuosismo, la vanidad de la propia habilidad, que ya no está al servicio del todo, sino que quiere ponerse en una primer plano.

Todo esto hizo que en el siglo XIX se llegara, en muchos casos, a que lo sacro quedara atrapado en lo operístico. También Pío X intentó alejar la música operística de la liturgia, al declarar el canto gregoriano y la gran polifonía de la época de la renovación católica como criterio de la música litúrgica.

Géneros permitidos en la Iglesia

San Pío X ofreció como modelo de música litúrgica el canto gregoriano, porque servía a la Liturgia sin dominarla; tras el Concilio Vaticano II, con la introducción de la lengua del pueblo en la celebración, la música cambió y se buscaron otras melodías diferentes al gregoriano.

Hoy se permiten el canto gregoriano, la polifonía sagrada antigua y moderna, la música sagrada para órgano y el canto sagrado popular, litúrgico y religioso.

También el Vaticano II permitió la música autóctona de los pueblos cristianos, pero adornada de las debidas cualidades; la Iglesia aprueba y admite todas las formas musicales de arte auténtico, así vocal como instrumental, pero de nuevo debemos recordar el principio: la música debe servir a la Liturgia, no dominarla.

 






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