Para conocer sobre liturgia

noviembre 7, 2017

La música y el canto

Hna. M.Guadalupe Puente Cuevas / Misionera de Jesús Hostia

Ambos favorecen el silencio interior necesario para la meditación, como signo litúrgico que facilita la acción del espíritu y la elevación del alma a Dios. 

El canto, dentro del oficio divino, no es un simple ornato o elemento ambiental, sino que como lenguaje humano o artístico dispone la profundidad del espíritu, que al unísono se sintoniza con los demás miembros del cuerpo místico para continuar la alabanza de Cristo al Padre.

Los Salmos, al estar estrechamente ligados con la música, hay que considerarlos como composiciones poéticas y artísticas que deben ser semitonados.

Los himnos, por su parte y contenido doctrinal, deben ser entonados; y los cánticos, por su carácter de Palabra de Dios, deben ser cantados o proclamados. La música presta su ministerio al canto y lo sostiene y acompaña; el canto está al servicio de la Palabra para favorecer la interiorización y meditación del mismo.

La música, además, favorece el silencio interior necesario para la meditación, como signo litúrgico que facilita la acción del espíritu y la elevación del alma a Dios.

1) Los himnos y los cánticos

Los himnos no son Salmos, aunque los dos son poesía para cantar, pero la diferencia entre unos y otros radica en que los primeros no son textos inspirados, contenidos o extraídos de la Sagrada Escritura, sino producto del ingenio humano. Por ello pueden ser sustituidos o cambiados, como lo vemos a la largo de la historia, pues traducen líricamente la doctrina de la Iglesia en la época cultual concreta en la que fueron concebidos.

Se caracterizan por su ritmo, figuras, la métrica de sus versos y el lenguaje lírico. El himno se entona en la Navidad, a la cruz, a la Ascensión y expresa movimiento, admiración e intensidad de sentimientos.

El himno puede ser una idónea pieza conclusiva de la oración, como sucede con el Tedeum al final del oficio de lectura; sin embrago, el himno suele tener una función de obertura a la plegaria de la mañana, de la tarde y de la noche.

Los cánticos son composiciones solemnes extraídas no del salterio bíblico, sino de otros libros de las Sagradas Escrituras, y por ello se proclaman o se cantan, preferentemente, por su carácter de júbilo, alabanza, gloria y exaltación.

2) La salmodia y los modos gregorianos

El canto gregoriano dispone de ocho modos que expresan en la liturgia cósmica: armonía y proporción.

En el libro litúrgico romano, llamado Gradual, destinado al canto, se contempla al inicio de cada partitura un número romano que oscila entre el uno y el ocho para indicar la melodía de una antífona, que señala el modo en que se cantará el salmo. Ethos o sentimiento que influye sobre los estados anímicos y los expresa en tono grave I, triste II, místico III, armonioso IV, alegre V, devoto VI, angélico VII y perfecto VIII.

Referencias a resaltar

La liturgia cristiana es una invitación a cantar con los ángeles y los santos la misma alabanza que perpetúa la gloria de Aquél que los creó.

No podemos olvidar el importante lugar que ocupa a nivel musical la combinación de los tiempos con los sonidos, y las voces con los silencios.

Pero cuando hablamos del silencio como signo litúrgico y participación activa y contemplativa nos colocamos en la esfera de lo pneumatológico, que favorece lograr la plena resonancia de la voz del Espíritu Santo en los corazones para unir más estrechamente la oración personal con la Palabra de Dios y la voz de la Iglesia (Cf. IGLH 202).

 






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