Para conocer sobre liturgia

agosto 7, 2017

La oración de la mañana descubre el rostro de Dios

Hna. M. Guadalupe Puente Cuevas / Misionera de Jesús Hostia

Nos dice la Ordenación General de la Liturgia de las Horas que el fin propio de esta oración es la santificación del día.

La luz primera del día es una invitación a empezar el diario vivir con un espíritu de resurrección espiritual, cantando la alabanza viva y dinámica de Laudes.

Con esta alabanza matinal no tratamos de “disponer de Dios” a nuestro favor y buena suerte, sino de “ponernos nosotros a disposición de Dios” para que Él nos tome y ayude a hacer rendir los talentos que nos dio.

La oración de la mañana nos abre a una actividad fecunda, en contraposición a la trampa del activismo en que la vida interior y el cuidado del espíritu mueren bajo una apariencia de vida.

La alabanza de la mañana es descubrir el rostro de Dios y su obra, cada día y en la misma vida, y alimentar nuestra responsabilidad cristiana de misioneros y evangelizadores, pues de nada vale pretender vivir sin el alimento del espíritu, ya que esto conduce al fracaso.

En Dios está la vida, el amor y la salvación, por lo que la alabanza matutina es abrirse a esta vida, a este amor “más que el centinela a la aurora”.

Cuando llegue la aurora con la luz definitiva, ya no hará falta vigilar… pero, mientras vivimos la condición de Iglesia peregrina que aún no conoce el descanso, si no vigilamos quedaremos atrapados.

Al comenzar el día oremos para que los primeros impulsos de la mente y del corazón sean para Dios, y no nos preocupemos de cosa alguna antes de habernos llenado de gozo con el pensamiento en Dios, según está escrito: «Me acordé del Señor y me llené de gozo».

Ni empleemos nuestro cuerpo en el trabajo antes de poner por obra lo que fue dicho: «A ti te suplico, Señor; por la mañana hazme escuchar tu voz».

Una actitud cristiana, fruto de la oración, es darse cuenta de que somos incompletos y que, por esto, necesitamos vitalmente de los demás.

Saber que somos parte de un todo que va más allá de uno mismo, y alegrarnos de ser y de sabernos limitados porque así tendremos el gusto de necesitar a los demás, es el inicio de una vida nueva dedicada al amor.

La alabanza matutina es sentir la alegría de estar con Dios, experimentando su compañía en la calidez de los hermanos: «Me acordé del Señor y me llené de gozo», celebrando así su Resurrección.

Aprovechemos la celebración de la Liturgia de las Horas en la hora de Laudes, no dejemos pasar la gracia que Dios nos tiene reservada.

Las horas del oficio divino 

Se llaman “horas canónicas”, que pueden reducir el oficio a los Laudes antes de ir a trabajar y las Vísperas al terminar los trabajos.

Maitines (la oración de la mañana). También llamadas (matutinae laudes o alabanzas matutinas).

El nombre es del latín matutinus. La primera de las horas canónicas. Antiguamente se cantaban durante las primeras horas del día, poco después de la media noche.

Laudes. Significa “alabanzas”. Es, con las vísperas, una de las horas principales. Consiste de un himno, dos salmos, un cántico del Antiguo o del Nuevo Testamento, una lectura corta de la Biblia, el Benedictus, responsorios, intercesiones, el Padre Nuestro y una oración conclusiva.

 

 

 






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