Para conocer sobre liturgia

septiembre 18, 2017

La palabra de Dios, siempre viva y eficaz

Por: Hna. M. Guadalupe Puente Cuevas / Misionera de Jesús Hostia

Cristo siempre está presente y, al realizar el misterio de salvación, santifica a los hombres y tributa al Padre.

San Jerónimo, quien los últimos 35 años de su vida los pasó cerca de donde nació Jesús, entre penitencias y oraciones se entregó en alma y cuerpo al estudio de la Biblia que tradujo al latín.

Significación litúrgica de la Palabra de Dios 

En las distintas celebraciones y en las diversas asambleas de fieles que participan se expresan de modo admirable los múltiples tesoros de la única palabra de Dios, ya sea en el transcurso del año litúrgico, en el que se recuerda el misterio de Cristo en su desarrollo, en la celebración de los sacramentos y sacramentales de la Iglesia, o en la respuesta de cada fiel a la acción interna del Espíritu Santo.

La misma celebración litúrgica, que se sostiene y se apoya principalmente en la palabra de Dios, se convierte en un acontecimiento nuevo y enriquece esta palabra con una nueva interpretación y eficacia.

De este modo, en la liturgia la Iglesia sigue fielmente el mismo sistema que usó Cristo en la lectura e interpretación de las Sagradas Escrituras, puesto que Él exhorta a profundizar el conjunto de las Escrituras al partir del hoy de su acontecimiento personal. (Cf. Lc 4,16-21; 24,25-35,44-49)

Única palabra y acontecimiento siempre nuevo

La palabra de Dios, contenida en la Biblia, se convierte en la celebración litúrgica en un “acontecimiento nuevo” cada vez, y adquiere –según los tiempos del año litúrgico-, las fiestas o la concreta celebración- una nueva interpretación y una nueva eficacia.

La celebración litúrgica de la palabra no es una mera reunión de estudio o una catequesis de formación permanente en torno a un libro sagrado: es el acontecimiento de un Dios que habla hoy y aquí a esta comunidad concreta.

Un mismo texto puede ser leído y usado bajo diversos aspectos, según las diversas ocasiones y celebraciones litúrgicas del año eclesiástico. Ejemplo, Las Bodas de Caná, puede contener aplicaciones diversas: matrimonio, en una fiesta de la Virgen o en Navidad.

Más aún, la economía de la salvación, que la palabra de Dios no cesa de recordar y de prolongar, alcanza su más pleno significado en la acción litúrgica, de modo que se convierte en una continua, plena y eficaz exposición de esta palabra de Dios.

Así, la palabra de Dios, expuesta continuamente en la liturgia, es siempre viva y eficaz (Cf. Heb 4,12) por el poder del Espíritu Santo, y manifiesta el amor operante del Padre, amor indeficiente en su eficacia para con los hombres.

Proclamación en la Liturgia

Cuando la palabra es proclamada en la Liturgia: es la celebración misma, desde su “hoy” y “aquí”, la que arropa y da sentido nuevo y eficaz a la palabra contenida en los libros escritos. Como lo hizo Jesús mismo en su homilía de Nazaret (Lc 4,16-21): «Esta Escritura que acaban de oír, se ha cumplido hoy».

En la celebración litúrgica, la palabra de Dios no se pronuncia de una sola manera ni repercute siempre con la misma eficacia en los corazones de los que la escuchan, pero siempre Cristo está presente en su palabra y, al realizar el misterio de salvación, santifica a los hombres y tributa al Padre el culto perfecto (Cf SC 7).

 

 

 

 






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