Para conocer sobre liturgia

mayo 26, 2017

La presencia de María durante el año litúrgico

Por: Hna. M. Guadalupe Puente Cuevas / Misionera de Jesús Hostia

Después de su ascensión al cielo imploró en el cenáculo el don del Espíritu Santo.

María, en el misterio de salvación Entre los acontecimientos de salvación que la Iglesia celebra al comienzo del año litúrgico, la obra divina de preparación de la Madre del redentor, Dios vino sobre María con su gracia y la preservó de toda mancha de pecado desde el primer instante de su concepción.

Celebra la intervención de Dios en la encarnación del verbo, en el nacimiento de Cristo, en su manifestación a los pastores, primicia de la Iglesia que surge de los judíos y a los magos, primicia de la Iglesia surgida de los paganos y en otros episodios de la infancia del Salvador en donde María estuvo ligada.

También la Iglesia venera a la Virgen María que «intervino en los misterios de Cristo» (LG 65) al celebrar litúrgicamente la vida pública del Salvador; ya al principio en las bodas de Caná de Galilea, en el transcurso de la predicación de su Hijo, recibió las palabras con las que Él proclamó dichosos a los que escuchan y cumplen la palabra de Dios.

Pero en donde la Iglesia celebra principalmente la acción de Dios es en el misterio pascual de Cristo, y encuentra a la Madre indisolublemente asociada a su Hijo; en su Resurrección fue colmada de alegría inmensa; después de su ascensión al cielo, unida en oración con los demás apóstoles y los primeros discípulos, imploró en el cenáculo el don del Espíritu Santo.

Venerada por la Iglesia con amor especial

El Concilio Vaticano II, en la Lumen Gentium, en relación a la veneración a Santa María Madre de Dios, exhorta «a todos los hiJos de la Iglesia a que cultiven ampliamente el culto, sobre todo litúrgico a la bienaventurada Virgen» (LG 65).

El mismo Concilio, en la Sacrosantum Concilium, sobre la Sagrada Liturgia, ilustra la experiencia de la Iglesia Universal respecto del culto litúrgico dirigido a la Virgen: «En la celebración del curso anual de los misterios de Cristo, la santa Iglesia venera con amor especial a la bienaventurada María, Madre de Dios, unida con lazo indisoluble a la obra salvadora de su Hijo; en ella la Iglesia admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención, y la contempla gozosamente como purísima imagen de lo que ella misma, toda entera, ansía y espera ser» (SC 103).

La Virgen María continúa intercediendo

La bienaventurada Virgen, asunta gloriosamente al cielo y ensalzada junto con su Hijo, no ha abandonado la misión salvadora que el Padre le confió, sino que continúa alcanzándonos con su intercesión los dones de la salud eterna.

Con María y como María, la Iglesia quiere vivir el misterio de Cristo. La Virgen está siempre a su lado, pero sobre todo en la Sagrada Liturgia, como Madre y auxiliadora.

La celebración del Misterio de Cristo

La liturgia celebra, por medio de signos sagrados, la obra de salvación efectuada por Dios Padre, por Cristo en el Espíritu Santo. La salvación que Dios Padre realiza incesantemente:

Fue anunciada a los patriarcas y a los profetas.

Fue manifestada plenamente en Cristo Jesús.

Se prolonga en el tiempo de la Iglesia por medio del anuncio del Evangelio y la celebración de los sacramentos.

Tendrá su cumplimento total en la gloriosa venida de Cristo, cuando Él, vencida la muerte, someta en si todas las cosas y entregue el reino a Dios Padre.

 






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