Editorial

julio 8, 2014

La visita Ad Limina Apostolorum: peregrinación de fe y comunión

Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez nos habla sobre la experiencia que tuvieron los tres obispos de la provincia al encontrarse con el papa. 

Del 26 al 31 de mayo, los obispos de la Provincia de Hidalgo estuvimos presentes en Roma para cumplir con la Visita Ad Limina, con el objetivo de “honrar los sepulcros de los Apóstoles Pedro y Pablo y encontrarnos con el sucesor de Pedro, el Obispo de Roma”, como indica el Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos (No. 15), los obispos de la provincia estuvimos presentes en Roma.

Esta visita tuvo tres finalidades: ante todo saludar y hablar con el papa sobre la situación de nuestras diócesis; visitar los Dicasterios o Congregaciones de la Santa Sede; y peregrinar por las cuatro basílicas mayores de Roma: San Pedro, en el Vaticano; San Pablo Extramuros, San Juan de Letrán y Santa María Mayor.

Esta visita resultó para nosotros una gracia especial del Señor en favor de las diócesis de la provincia, como una peregrinación de comunión pastoral con el vicario de Cristo que tiene como misión confirmar en la fe a sus hermanos.

Tuvimos la dicha y la alegría de encontramos a un papa Francisco sencillo, austero, que rechaza formalidades y mundanidades, con gran capacidad de escucha y con mucha atención a lo que cada quien le expuso de su diócesis.

Nos ha edificado gratamente: la prontitud de sus respuestas, su ternura con las personas, su compromiso con los pobres, su decisión de renovar la Iglesia, su servicio a la paz en el mundo y a la unidad entre los creyentes.

Con las Congregaciones y Pontificios Consejos nos sentimos muy escuchados, valorados en nuestro esfuerzo pastoral en la aplicación de Aparecida y de la Misión Continental.

Nos han dejado el mensaje de actuar como pastores muy cercanos a los deseos, anhelos, gozos y esperanzas del pueblo de Dios, pero también ser solidarios en las angustias y tristezas de la gente.

¿Qué tarea nos ha dejado el papa a los obispos mexicanos? Promover el espíritu de concordia en la sociedad a través del diálogo, del encuentro y de la paz. Promover la responsabilidad de los laicos en la misión de la Iglesia. Intensificar la pastoral de la familia –seguramente, el valor más querido en nuestros pueblos para que, frente a la cultura deshumanizadora de la muerte, se convierta en promotora del respeto a la vida en todas sus fases: desde su concepción hasta su ocaso natural, y sostener y acompañar en su camino a los consagrados y consagradas. Ellos, con la riqueza de su espiritualidad específica y desde la común tensión a la perfecta caridad, pertenecen “indiscutiblemente a la vida y santidad” de la Iglesia. «Cuiden especialmente la promoción, selección y formación de las vocaciones al sacerdocio y la vida consagrada. Son expresión de la fecundidad de la Iglesia y de su capacidad de generar discípulos y misioneros que siembren en el mundo entero la buena simiente del Reino de Dios». Finalmente nos pidió poner toda la pastoral de la Iglesia en clave misionera con especial énfasis en la atención a los migrantes y a todos los excluidos que se encuentran en las periferias existenciales.

Al último nos dijo: «les ruego que lleven mi saludo al pueblo mexicano. Pidan a sus fieles que recen por mí, pues lo necesito. Y también les pido que le lleven un saludo mío, saludo de hijo, a la Madre de Guadalupe. Que Ella, estrella de la nueva evangelización, los cuide y los guíe hacia su divino Hijo. Con el deseo de que la alegría de Cristo resucitado ilumine sus corazones, les imparto la Bendición Apostólica».

 






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