Editorial

septiembre 2, 2019

La visita pastoral, una de tantas tareas del obispo

MONS. JUAN PEDRO JUÁREZ MELÉNDEZ

Les saludo como siempre, deseando a todos paz en el Señor. En esta ocasión quisiera compartirles una de tantas tareas del obispo como sucesor de los apóstoles, se trata de la visita pastoral que realicé del 21 al 23 de agosto a la parroquia de Santa Bárbara (Lagunilla, Hidalgo).

La constitución dogmática Lumen Gentium nos recuerda que la Iglesia es un redil, cuya única y obligada puerta es Cristo (cf Jn 10,1- 10). Es también una grey de la que el mismo Dios se profetizó pastor (Is 40,11; Ez 34,11 ss), y cuyas ovejas, aunque conducidas ciertamente por pastores humanos son, no obstante, guiadas y alimentadas continuamente por el mismo Cristo, Buen Pastor y príncipe de los pastores (cf Jn 10,11; 1P 5,4) que dio su vida por las ovejas (cf Jn 10,11-15).

El Directorio para el Ministerio Pastoral de los Obispos nos recuerda que la visita pastoral es, por lo tanto, una acción apostólica que el obispo debe cumplir, animado por la caridad pastoral que lo presenta concretamente como principio y fundamento visible de la unidad en la Iglesia particular.

Para las comunidades y las instituciones que la reciben, la visita es un evento de gracia que refleja en cierta medida aquella especial visita con la que el «supremo pastor» (1P 5,4) y guardián de nuestras almas (1P 2,25), Jesucristo, ha visitado y redimido a su pueblo (Lc 1,68).

La visita pastoral es una oportunidad para reanimar a los agentes evangelizadores, felicitarlos, animarlos y consolarlos; es también la ocasión para invitar a todos los fieles a la renovación de la propia vida cristiana y a una acción apostólica más intensa.

La visita permite también al obispo, además, examinar la eficiencia de las estructuras y de los instrumentos destinados al servicio pastoral, dándose cuenta de los logros y desafíos del trabajo evangelizador para poder determinar mejor las prioridades y los medios de la pastoral de conjunto.

Con este objetivo he venido realizando de manera permanente visitas en las diferentes parroquias de la diócesis, con el fin de encontrarme con cada una de las personas, comunidades y grupos de las parroquias, pequeñas y grandes.

Con los agentes de pastoral, autoridades civiles, profesionistas, artesanos, campesinos, jóvenes, niños, familias y enfermos, todo ello con el fin de hacer realidad las palabras de Cristo: «Yo soy el Buen Pastor, yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí» (Jn 10,14).

Uno de los frutos más hermosos de estas visitas es la cercanía del pastor con los fieles y mantener vivos los vínculos de unidad entre los eles entre sí y con su párroco, reanimando la fe del pueblo el que peregrina lleno de esperanza a pesar de todas los retos y dificultades que implica la vida cristiana y la misión.

Todos los Papas, después de concluido el Concilio Vaticano II en 1965, han privilegiado esta forma de estar cerca de los fieles, haciendose presentes no solo en los países católicos, sino de otras religiones aún no cristianas.

Los últimos viajes de Francisco han sido a sitios con mayoría de religión ortodoxa como Rumania y Bulgaria; otros con religión musulmana o del Islam como Macedonia del Norte, Marruecos y Emiratos Árabes Unidos.

En estas naciones su presencia es ante todo testimonial, promoviendo la paz y estrechando las relaciones con ellos, donde la minoría son católicos.






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