Articulo

Junio 5, 2017

Las columnas de la fe cristiana

 

Por: Pbro. Marco Antonio Roldán Rosas / Arquidiócesis de Tulancingo

A los apóstoles Pedro y Pablo se les ha considerado como los grandes pilares, aunque desde situaciones de vidas diferentes.

La Liturgia de la Iglesia nos presenta la Solemnidad de los Apóstoles Pedro y Pablo, en una unidad celebrativa, como nos invita la oración colecta de la Misa «Saber llenarnos de una santa alegría», como fruto de seguir las enseñanzas que hemos recibido de estos santos que propagaron ardorosamente la fe en Jesucristo, el Señor.

La celebración nos invita a meditar en la importancia por la cual se les ha considerado como columnas de la fe de la Iglesia; si bien profundizamos en los testimonios de la vida de estos dos apóstoles, encontraremos que ambos se nos presentan como los grandes hermanos que se dedican a la propagación de la misión recibida de Jesucristo.

En los Evangelios encontramos, por un lado, la confesión de fe de Pedro como un don del Padre celestial ante la humana fragilidad de la sola respuesta humana, y que es en esta fe que el mismo Señor le manifiesta ser fundamento para la construcción de la Iglesia.

También encontramos en la escritura, que Jesucristo llama a Pablo de perseguidor a ser el difusor de la fe que recibe de la comunidad, para comunicarla en medio de los pueblos llamados paganos.

Es así que, desde los primeros tiempos de la cristiandad se les ha considerado como los grandes pilares de la propagación de la fe, aunque bien manifiesto, desde situaciones de vidas diferentes, pero con una unidad más allá de lo meramente temporal o geográfico, porque es la unidad de la fe en Cristo que ambos supieron conservar de un modo ejemplar y vivir con una pasión tal que les condujera al mismo modo de dar su vida hasta el final, al ser martirizados en Roma.

Por ello es como podemos encontrar en el prefacio de la Misa de esta solemnidad: «De esta forma, Señor, por caminos diversos, congregaron a la única familia de Cristo; y coronados por el martirio, son igualmente venerados por tu pueblo», al expresar de este modo la gran hermandad que se da por la naturaleza de un llamado (amor por Cristo) y también por la misión confiada (la enseñanza del Evangelio) manifestada en su vida.

De este modo, el aprecio del gran valor celebrativo de esta solemnidad nos anima a profundizar en nuestra vida: la firmeza de la fe recibida en la fragilidad humana (como en Pedro), pero que cuenta con una fuerza inmensa de la palabra para llegar a todos (como en Pablo) y llamar siempre a la unidad del amor por Cristo, superando divisiones temporales o territoriales.

Que estas columnas de la fe nos impulsen a seguir creciendo en la hermandad de la familia de Dios Padre misericordioso, con un testimonio de unidad y entrega sincera en la vida por el llamado que nos ha hecho en su Hijo amado, por medio de la acción de su Espíritu santificador.

¿Quiénes son?

  • Pedro es la “roca”. Pedro, con humildad aceptó la misión de ser “la roca” de la Iglesia y apacentar el rebaño de Dios a pesar de sus debilidades humanas. Los Hechos de los Apóstoles ilustran su papel como cabeza de la Iglesia después de la Resurrección y Ascensión de Cristo. Pedro dirigió a los apóstoles como el primer Papa y aseguró que los discípulos mantuvieran la verdadera fe.
  • Pablo es columna. San Pablo fue el apóstol de los gentiles. Antes de su conversión era llamado Saúl, pero después de su encuentro con Cristo y conversión, continuó hacia Damasco donde fue bautizado y recobró la vista. Tomó el nombre de Pablo y pasó el resto de su vida predicando el Evangelio sin descanso a las naciones del mundo mediterráneo.





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