CATEQUESIS

abril 4, 2018

Los adultos y el bullying

Verónica González / Red Familia

Desafortunadamente existen personas que incitan a los niños para que rechacen y lastimen a otros.

Hemos escuchado infinidad de casos en los que se habla de los niños o jóvenes acosadores que molestan o abusan de sus compañeros, lo que nos ha llevado a convencernos de que su origen está dentro de las aulas de clases.

Sin embargo, en algunos casos, por mucho que nos sorprenda, el origen del bullying a veces está en los padres.

Expertos afirman que el comienzo de esta problemática se encuentra en casa, pero también en la sociedad, en la personalidad del niño y en las experiencias de cada uno.

Es decir, probablemente no hay un lugar determinado ni sea sólo cuestión de un solo aspecto, sino de un conjunto de circunstancias.

Desafortunadamente existen adultos que incitan a los niños para que rechacen y lastimen a otros, o simplemente se ponen en el papel de espectadores, callan y permiten que los niños sean abusados.

Cualquiera de estas dos posturas convierte a estos adultos en generadores y cómplices del bulliying, de hecho se ha estudiado el fenómeno entre papás, pero difícilmente se habla de quienes promueven este tipo de conductas.

Seguramente a algunos de nosotros nos ha tocado presenciar un movimiento de padres de familia dentro del colegio de nuestros hijos, con la finalidad de que expulsen o cambien a algún estudiante de salón porque consideran que su presencia es perjudicial para sus hijos, lo que provoca que los demás niños lo excluyan e incluso lo agredan porque han escuchado comentarios negativos de él.

Según expertos, es en la familia donde el niño adquiere las herramientas necesarias para interactuar con otras personas, de tal forma que si no ha recibido un buen ejemplo de empatía, solidaridad y compañerismo por parte de los adultos con quien vive, difícilmente entablará relaciones sociales sanas en otros círculos sociales.

Existen también aquellos que en el supuesto de “proteger” a sus hijos los incitan a que se defiendan y que si es necesario agredan a sus compañeros, o por el contrario, los invitan a que si son víctimas de acoso no digan nada, se mantengan callados y así evitarán meterse en problemas.

En ambos casos alimentan las conductas de bulliying en sus hijos, cuando deberían transmitir y fomentar el comportamiento asertivo para defender y definir los puntos de vista propios sin agredir ni ofender a los demás.

De esta manera los adultos se vuelven los principales generadores del problema, por lo que es importante que reflexionemos hasta dónde hemos contribuido para generar este tipo de conductas dentro de nuestra familia.

No propiciar la conducta

• Evita los comentarios violentos o despectivos en las conversaciones familiares.

• No descalifiques a las personas por su fe, raza, etnia, color o situación económica.

• Jamás le digas a tus hijos que no son capaces o que no vale la pena expresar su opinión.

Recuerda que los padres somos los modelos de virtudes para nuestros hijos, examinemos nuestras conductas y busquemos ser congruentes con lo que pensamos, hablamos y actuamos.

 

 

 






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