Editorial

septiembre 5, 2017

Los jóvenes, llamados a construir un mundo mejor

MONS. JUAN PEDRO JUÁREZ MELÉNDEZ OBISPO DE TULA

A veces nos damos cuenta que entre el lenguaje eclesial y el de los jóvenes se abre un espacio difícil de colmar, aunque hay muchas experiencias de encuentro fecundo entre las sensibilidades de los jóvenes y las propuestas de la Iglesia en el ámbito bíblico, litúrgico, artístico y catequético que también existen en el mundo digital a través de la Pastoral Juvenil.

Muchos, en este tiempo difícil, pero lleno de esperanzas, soñamos con una Iglesia que tenga un rostro joven y sepa dejar espacios al mundo juvenil y a sus lenguajes, al apreciar y valorar la creatividad y los talentos.

Por todo esto, el 13 de enero de este año, Francisco, en una carta dirigida a los jóvenes con motivo del comienzo de los trabajos para la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos de 2018, que tendrá como eje a la juventud, les dijo: «Un mundo mejor se construye también gracias a ustedes, que siempre desean cambiar y ser generosos… No tengas miedo de escuchar al Espíritu que les sugiere opciones audaces, no pierdan tiempo cuando la conciencia les pida arriesgar para seguir al Maestro. También la Iglesia desea ponerse a la escucha de la voz, de la sensibilidad, de la fe de cada uno; así como también de las dudas y las críticas».

Con estas palabras, el Papa dio a conocer a los jóvenes de todo mundo el “Documento Preparatorio” para el próximo Sínodo que tendrá como lema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”

Los trabajos se han iniciado en la fase de consulta de todo el pueblo de Dios. El documento, que se divide en tres partes, comienza con la imagen evangélica del “discípulo amado”, como una breve presentación del camino.

En la lectura del cuarto Evangelio, Juan el Apóstol no sólo es la figura ejemplar del joven que elige seguir a Jesús, sino también «el discípulo a quien Jesús amaba» (Jn 13,23;19,26;21,7).

El primer capítulo, titulado “Los jóvenes en el mundo de hoy”, proporciona elementos útiles para contextualizar su situación en la realidad actual.

El segundo capítulo, centro del documento, se titula “Fe, discernimiento, vocación”. Este recorrido se inspira en los tres verbos que ya se utilizan en la Evangelii Gaudium: reconocer (lo que sucede en el mundo interior), interpretar (lo que se reconoce) y decidir (como un ejercicio auténtico de la libertad humana y de la responsabilidad personal) [51].

El tercer capítulo titulado “La acción pastoral”, pone de relieve la importancia que tiene para la Iglesia acompañar a los jóvenes a acoger la alegría del Evangelio en un momento como el nuestro, que es marcado por la incertidumbre, la precariedad y la inseguridad.

Ante este paso del Espíritu de Dios, que renueva siempre la Iglesia, vale la pena preguntarnos: ¿Hasta dónde disponemos como comunidad a hacernos cargo de los jóvenes que experimentan situaciones de calle, violencia extrema, bandas de delincuencia, matrimonios forzados, migración y desempleo; y acompañarlos en su vida con el objetivo de construir juntos una Iglesia más joven y fresca, abierta al diálogo y al encuentro?

Encomendemos a María este camino en el que la Iglesia se interroga sobre cómo acompañar a los jóvenes a acoger la llamada a la alegría del amor y a la vida en plenitud.

Ella, joven mujer de Nazaret, que en cada etapa de su existencia acoge la palabra y la conserva, meditándola en su corazón (cfr. Lc 2,19), fue la primera en recorrer este camino.

 

 

 

 

 

 






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