Destinos de Luz

mayo 29, 2013

Monte Sinaí

Por: Cintya Rincón

Que estén preparados para el tercer día, porque al tercer día el Señor descenderá sobre el monte Sinaí a la vista de todo el pueblo  (Ex 19, 11).

En estos tiempos en los que celebramos el Pentecostés, recordamos también la entrega de la Ley que nos remonta a celebrar la presencia de Dios en el Monte Sinaí, un lugar de tradición a visitar y que invita a contemplar el amanecer desde la cumbre, una experiencia que muy pocos quieren dejar pasar.

El Monte Sinaí tiene una altura de aproximadamente 2,200 m. y es recordado porque fue en este lugar donde el Antiguo Testamento relata cómo Moisés recibió de Dios las Tablas de la Ley.

Escalar hasta llegar a la cima es un prominente esfuerzo que posee un magnetismo espiritual único que incita a los peregrinos a mostrar una plegaria con humildad, mirar el cielo y agradecer la dicha de Dios. A medida que se comienza a llegar a lo más alto de la montaña, las oraciones se intensifican y la Fe se hace fuerte y prolongada. Durante la mañana la brisa del viento se vuelve fresca, pero al amanecer el sol aparece tan radiante y las oraciones se convierten en cantos de amor cargados de Fe.

Creyentes o no creyentes, sin importar la religión o el color de la piel, en ese momento todos los presentes se convierten en hermanos del pueblo judío que se libera de los pecados, que adoptan la Fe y fortalecen el amor a Dios. Sinaí… un Destino de Luz para el peregrino.






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