Para conocer sobre liturgia

febrero 19, 2018

Noventa días fuertes

Hna. M. Guadalupe Puente Cuevas / Colaborador

Cuarenta días de Cuaresma, camino hacia la cruz. Cincuenta días de Pascua, camino hacia la plenitud.

Cuaresma y Pascua forman un único movimiento. Cuarenta días de Cuaresma, camino hacia la cruz. Cincuenta días de Pascua, camino hacia la plenitud del Espíritu. Noventa días de tiempo fuerte, una primavera de “ejercicios espirituales” para la comunidad cristiana, a la par de los pasos de Cristo.

Lo más importante de la Cuaresma es… la Pascua. El paso a través de la cruz a la  vida nueva. Un paso que hace más de dos mil años dio Cristo Jesús y que ahora nos toca dar a nosotros con Él.

La Pascua que inauguró Él está en marcha todavía. Es Pascua creciente. «Completo en mi cuerpo lo que le falta a la pasión de Cristo». A la Pascua de Cristo le falta que sea también Pascua nuestra: que nos configuremos a Él en su camino pascual, con todas las consecuencias.

La Cuaresma no es un tiempo de angustia, es una preparación seria, pero no triste, a la Pascua. La consigna inicial será la metanoia, el cambio de mentalidad. Para que el hombre viejo, que por desgracia crece muy de prisa en nosotros, ceda terreno al hombre nuevo.

Todo lo que hay de pecado, de antiEvangelio y de antiPascua en nosotros, Dios lo quiere destruir para que así podamos incorporarnos al camino de Jesús hacia la vida.

Es la Cuaresma de los “catecúmenos”, porque todos necesitamos profundizar en nuestro conocimiento y seguimiento de Cristo. Es la Cuaresma de los penitentes, porque todos somos superficiales y pecadores en nuestra vida cristiana.

Cada día seremos invitados por la Palabra de Dios a convertirnos y a asumir el camino de la Pascua, fijos los ojos en Cristo Jesús, el primero que la vivió en serio.

El “sacramento de la Cuaresma”

En la Cuaresma es más importante lo que Dios quiere hacer con nosotros que lo que nosotros podamos hacer por Él. Es más central la gracia que la ascética.

Los textos de este tiempo hablan del “sacramento de la Cuaresma”. La Cuaresma es un verdadero sacramento (signo eficaz) de la salvación pascual: Cristo nos quiere comunicar, en este año concreto, su vida pascual.

Cuarenta días de gracia: como los cuarenta días de Moisés en la cumbre del Sinaí, al preparar la Alianza; como los cuarenta años de peregrinación del pueblo por el desierto, camino de la tierra prometida; como los cuarenta días de Elías, en marcha hacia el encuentro con Yahvé en el monte Horeb; como los cuarenta días de Jesús en el desierto, antes de dar inicio a su misión mesiánica.

En la Pascua de este año, con su preparación y su prolongación, Dios nos quiere comunicar su vida con mayor plenitud, y por eso somos invitados a una mayor oración, a una escucha más atenta de su Palabra, a recordar nuestro Bautismo y a celebrar también nuestra reconciliación con Él.

 

 






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