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Agosto 1, 2017

Nuestra Señora de los Ángeles

Por: Filiberto Monter Santiago

“La Santísima Virgen, Nuestra Señora de los Ángeles, nos ha acompañado a través de nuestra historia como Iglesia diocesana. Ella ha estado presente desde dos siglos antes de que el Papa Pío IX creara esta Iglesia particular”.

Referimos la fecha del 2 de agosto y el regocijo en los fieles de nuestra diócesis es fervoroso. La historia nos lleva por una serie de actos cronológicos que marcan, para siempre, un hecho que repercutirá en el futuro.

Quizás aquel pintor, que cita el Pbro. Canuto Anaya en el boletín eclesiástico, nunca se imaginaría la magnitud de su obra. Valga mencionar que siglos después de tal suceso se tuvo que volver nuevamente a los orígenes de la imagen para dar a conocer su historia.

Los datos marcan que una terrible epidemia llamada Matlazahuatl, azotó a regiones vecinas del actual municipio de Tulancingo. Las familias se dispersaron por rumbos distintos en busca de mejores condiciones de vida.

Después, muchas de ellas, de Actopan y de origen otomí, llegaron a las faldas del cerro de Tezontle, en Tulancingo. Uno entre muchos, hospedado en esta zona, se dispuso a poner en práctica sus habilidades sobre la pared que enmarcaba su habitación. Allí plasmaría una obra hermosa: la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles.

Arraigada la religión católica en nuestro país, los fieles vecinos al lugar comenzaron a sentirse cercanos a la Virgen. Acudían con flores, velas y demás artículos de ornato que pronto convirtieron la humilde choza en capilla.

El fervor a Nuestra Señora de los Ángeles fue tanto que los fieles no cabían en tal lugar, por lo que tuvieron que ampliar las dimensiones de la improvisada capilla.

Los mismos devotos solicitaron al entonces Arzobispo de México, Don Francisco Antonio de Lorenzana, la solicitud para celebrar la Santa Misa en dicho lugar; licencia alcanzada en abril de 1767.

La imagen de Nuestra Señora de los Ángeles fue descrita, en su tiempo, por Don Rafael Molina, mencionando aspectos positivos de la pintura y los arreglos decorativos. “La figura de la Virgen, de pie, apoyada en dos cabezas de serafín que le sirven de pedestal…”, comienza el texto. Y prosigue: “… Al verla detenidamente se siente uno sorprendido; la imagen es de la doncellita de Nazareth: casta, fina, airosa…”.

La imagen de la Virgen, con dos metros y 35 centímetros de alto, por un metro con 45 centímetros de ancho, fue crecida en devoción. La primitiva capilla contaba con lo suficiente para realizar la Santa Misa, pero carecía de una extensión óptima para la participación de sus fieles.

La primera edificación se fue derribando conforme al avance del majestuoso Santuario, construido años más tarde.

La necesidad de ampliar las licencias para seguir celebrando la Eucaristía fue necesaria, así como la presencia de un capellán, siendo el primero R.P.Fr. Juan Escamilla. En 1832 ya era una capellanía.

La devoción hacia Nuestra Señora de los Ángeles pasó de generación en generación sin distinguir hechos históricos en nuestro país. Se dice que en 1811 insurgentes acampados en el Cerro del Tezontle, bajaban con candeleros y velas adquiridas en San Antonio Cuautepec para ofrecerlas con sus oraciones.

Como ofrecimiento para alcanzar la misericordia de Dios, después de las epidemias y guerras que sacudieron al país, el capitán D. Martín Moreno solicitó la veneración de los fieles al Divísimo Señor Sacramentado en la capilla de Nuestra Señora de los Ángeles.

Concedida la petición, tales plegarias se realizaban el 17 de diciembre y los días tres de cada mes, extendiéndose a los días 2 de agosto y 8 de cada mes.

El decorado de la capilla corrió a cargo del segundo capellán, Pbro. Guadalupe Romero, y una vez erigida la Diócesis de Tulancingo, el primer obispo diocesano, Don Juan Bautista Ormaechea y Ernáiz, pidió el patronato de la Inmaculada Reina de los Ángeles para toda la Iglesia particular.

No bastando con eso, la piedad de la nueva Iglesia se animó a construirle un nuevo templo. “Justo es, católicos, corresponder de alguna manera a su inagotable bondad consagrándole un templo en donde conservemos su venerada imagen”, se leía en la excitativa.

Pronto se hicieron llegar cuotas mensuales, materiales de construcción y el servicio de hacendados que pusieron a peones para realizar faenas periódicas. El templo que ahora conocemos como “Los Angelitos” es fruto de aquella organización.

El 3 de mayo de 1878 se pondría la primera piedra, procediendo con la bendición del lugar el Sr. Ormaechea. “¡La Sma. Virgen se interese por la conservación de su vida para que logre ver el suntuoso Templo!”.

Lamentablemente, la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles ha sufrido dos robos sacrílegos: el primero en el año de 1886 y el segundo en 1896.

En palabras de Mons. Primitivo Castilla Sosa, nos dicta la cantidad de fieles que llegan a venerar a nuestra patrona no solo durante la fiesta del 2 de agosto, sino a lo largo del año:

“Cada año se va incrementando el número de asistentes, en promedio llegan mil personas por Misa durante la fiesta patronal. La cifra la visten los fieles vecinos de Tulancingo, pero también suben de otras comunidades, especialmente las de la Sierra”.

Quien fuera vicario general de la diócesis aseguró ver llegar gente hasta de Los Ángeles California, y de muchas otras partes del país durante los 35 años que estuvo a cargo del templo terminado de construir en 1905.

La imagen fue coronada con diadema de plata por el Sr. José María Armas y Rosales el 5 de marzo de 1897, y coronada pontificiamente el 26 de enero de 1962 por Don Adalberto Almeida Merino, concedida por el beato Juan XXIII.

La fiesta patronal a Nuestra Señora de los Ángeles se celebra en fechas cercanas al 2 de agosto, siendo éste su principal día. Ahí, en “Los Angelitos” se reúnen miles de devotos que acuden año con año para visitarla.

En la devoción de la gente se dice que la Virgen intercede para que se concreten milagros como sanación a los enfermos y liberación de peligros, pero aún no existe alguno que haya sido comprobado por la Iglesia.

Habiéndose cumplido más de 50 años de la coronación pontificia de Nuestra Señora de los Ángeles, el fervor mariano sigue creciendo, con la conciencia de que la dulce madre del cielo nunca se aleja de nosotros.






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