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noviembre 11, 2019

Obispo recuerda grandes virtudes de don Pedro Arandadíaz

 Por: Filiberto Monter Santiago
  • En el marco del primer aniversario luctuoso, testigo de su vida desde los ocho años de edad, Mons. José Guadalupe Torres Campos destaca grandes enseñanzas de servicio y cercanía.

A un año de su partida a la casa del Padre, Mons. Pedro Arandadíaz Muñoz es recordado como un gran sacerdote, un gran obispo, un hombre preparado y de pensamiento muy profundo, culto.

Mons. José Guadalupe Torres Campos lo conoció desde los ocho años de edad, y para él recordar a don Pedro es algo significativo: “Tuvimos una gran amistad”, recuerda el obispo de Ciudad Juárez y hermano del Pbro. Jorge Torres Campos, párroco en La Santísima Trinidad (Tulancingo).

A un año de su partida, relató el momento en el que recibió la noticia: “Me estremecí, me dolió mucho, tenía poco de haberlo visitado; recibí la noticia con gran dolor”.

Mons. José Guadalupe salió de su diócesis para acompañar en su última morada a don Pedro, en la Catedral de Tulancingo, aquel 12 de noviembre, en la misa exequial junto a los tres obispos de la Provincia Hidalgo, el presbiterio y toda la comunidad reunida: “Tenía que acompañar a la diócesis, a don Pedro Arandadíaz, por lo mucho que aprendí de él”.

Repasó tantas virtudes de don Pedro en vida como pastor, pero también como persona: “Me deja el testimonio de un hombre abierto, muy generoso; a mí como obispo me deja esa gran enseñanza de cercanía, la transmisión de la fe a través de la predicación, entre otras cosas”.

Mons. José Guadalupe Torres Campos recordó también lo que muchos apreciaban de don Pedro Arandadíaz: “Sus homilías para mí eran verdaderas obras teológicas, además de su catequesis; por eso me deja la enseñanza de prepararme, de ser cercano a todos como buen pastor”.

Inclusive pudo destacar parte de sus aficiones: “Le tenía un gran amor al arte, a la música”, resaltó el obispo de Ciudad Juárez.

“Cada vez que lo veía era una gran alegría, hablábamos hasta en italiano; muy alegre, muy entusiasta, siempre para mí era un placer platicar con él, verlo”.

Mons. José Guadalupe Torres Campos no terminó la entrevista sin antes saludar a la diócesis de Tulancingo: “Para don Domingo Díaz, un abrazo fraterno, para toda la comunidad diocesana les abrazo y les aprecio, y les mando mi cariño; un abrazo para todos”.






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