Maestro digno

mayo 17, 2016

Para educadores de buena voluntad

Por: Dra. Lourdes Lavaniegos lourdes.lavaniegos@gmail.com 

«Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros» (Jn 13,34), frase del Evangelio muy conocida y difícil de vivir, pues es requisito indispensable haber sido amado.

En la exhortación Amoris Laetitia, el Papa Francisco afirma que: «Muchos terminan su niñez sin haber sentido jamás que son amados incondicionalmente, y eso lastima su capacidad de confiar y de entregarse» (Núm. 240).

El amor incondicional corresponde en primera instancia a la familia y es recurrente escuchar entre docentes que no nos es posible hacer lo que a esta le corresponde; pero confirmar que los pequeños que se nos encomiendan no son suficientemente amados en sus hogares, debe conmovernos profundamente e impulsarnos a entender tal como lo dice el mismo documento: «Cada crisis esconde una buena noticia que hay que saber escuchar afinando el oído del corazón» (Núm. 232).

Afinar el oído del corazón supone ver de frente las carencias y hacernos cargo de ellas; ante la aterradora crisis de la ausencia del amor urge la acción de educadores de buena voluntad que la atiendan utilizando la receta del propio papa Francisco: «Crear espacios para comunicarse de corazón a corazón» (Núm. 233).

Reflexiones compartidas, sonrisas comprensivas y recados alentadores cuestan muy poco, pero pueden hacer que los sedientos de cariño aprendan a confiar; percibir que esto ocurre es el mejor regalo que un maestro puede recibir.






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