Maestro digno

julio 15, 2016

Para educadores de buena voluntad

Por: Dra. Lourdes Lavaniegos Rectora de la Universidad La Salle Pachuca lourdes.lavaniegos@gmail.com

No se puede tener un control de todas las situaciones por las que podría llegar a pasar un hijo… se trata de generar procesos más que de dominar espacios» (Amoris Laetitia 261).

Como docentes podemos generar procesos para el tiempo en que nuestros niños y jóvenes permanecen de vacaciones, especialmente urgen los de encuentro y enriquecimiento familiar.
¿Qué puede hacer un escolar en casa? Generar actividades mediante las cuales su familia se divierta y ría; entrar en la dinámica favor- favor propia de todo hogar, en la que cada uno hace algo por los demás; mostrar su cariño mediante abrazos, dibujos y cartas; colaborar al rescate de la identidad familiar al preguntar por sus antepasados, ver fotografías, limpiar o cocinar.

Esto y mucho más pueden hacerlo hasta los niños pequeños, y desde la escuela podemos impulsarlo si los hacemos conscientes del estilo de vida cristiano, de manera que perciban que el amor se dice con la boca pero se demuestra con obras cotidianas que en principio cuestan trabajo pero a la larga nos llenan de alegría. Desterremos de las vacaciones a los jóvenes y niños ojos que se tiran ante la televisión o se dispersan por la calle sin mirar por su familia, son parte de ella y necesitan reconocer que ese incipiente núcleo social al que pertenecen, por enfermo que parezca, los necesita.






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