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mayo 29, 2019

Pedro y Pablo eran hermanos

Por: Pbro. Pedro Luis Ángeles Ballesteros

REFERENCIA

¿En alguna ocasión se han detenido a mirar los detalles que adornan algunas de las entradas principales de nuestras iglesias? ¿Han podido observar que se encuentran las imágenes de San Pedro y San Pablo?

El primero es identificado por llevar en sus manos unas llaves (signo de las llaves de los cielos que recibió de Jesús, cfr. Mt 16,19); y al segundo lo ubicamos al encontrar entre sus manos una espada (signo de su predicación, cfr. Heb 4,12).

RAZÓN DE SOLEMNIDAD

El detalle arquitectónico es reflejo de lo que la fe de la Iglesia nos invita a celebrar el 29 de junio, cuando la Liturgia conmemora el martirio de ambos personajes, y aunque no hayan entregado su vida el mismo día, se reunieron en una sola solemnidad por ser considerados fundadores de la Iglesia, lo que representa para nosotros un símbolo visible de la coherencia que exige la vivencia de nuestra fe.

¿QUIÉNES ERAN?

La Biblia nos da testimonio de la vida de estos apóstoles de Jesús en muchos pasajes, quienes por caminos a veces paralelos y a veces divergentes, pero guiados por el mismo Espíritu, extendieron el Evangelio entre los judíos y paganos.

Ambos personajes comprendieron que el mensaje recibido debía ser llevado a todas las gentes, y eso los impulsó en una actividad misionera que les permitió llegar a diferentes lugares con la alegría de vivir lo que el Papa Francisco ahora tanto nos invita: «Ser una Iglesia en salida, una Iglesia que vaya a las periferias para llevar este mensaje del amor crucificado que se entrega por nuestra salvación».

TESTIMONIO DE VIDA

En escritos de varios autores de la antigüedad se da testimonio de la presencia de ambos apóstoles en Roma, donde habrían acudido a predicar el Evangelio; se dice que en la época del emperador Nerón, quien tanto persiguió a los cristianos, Pedro y Pablo habrían sufrido el martirio que se narra en varios textos.

La tradición ha creído que Pedro murió crucificado en posición contraria (de cabeza) a la de Cristo; Pablo habría sido decapitado. Los sitios a donde se habrían llevado a cabo estas ejecuciones serían las actuales basílicas del Vaticano y la Ostiense, ambas en Roma.

SIEMPRE PRESENTES

Celebrar a Pedro y a Pablo es para todos nosotros una oportunidad de renovar el envío misionero que recibimos por ser hijos de Dios, se trata de llevar el anuncio de Cristo a un mundo siempre necesitado de un testimonio coherente que proclame la verdad que se profesa en la fe.

Decía San Agustín: «Celebramos la fiesta del día de hoy, sagrado para nosotros por la sangre de los apóstoles. Procuremos imitar su fe, su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, su testimonio y su doctrina». Ese es el desafío.

«Pedro, roca; Pablo, espada.

Pedro, la red en las manos;

Pablo, tajante palabra…

 Cristo tras los dos andaba:

a uno lo tumbó en Damasco,

y al otro lo hirió con lágrimas».

Extracto del himno del Oficio de Lectura del 29 de junio

 






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