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mayo 6, 2013

Pentecostés y los 7 dones del Espíritu Santo

Por: Filiberto Monter / Fuente: ACI Prensa

¿Qué es Pentecostés?

 Es una festividad universal de la Iglesia mediante la cual se conmemora el descendimiento del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, a los cincuenta días después de la Resurrección de Cristo.

Se trata de una festividad que data del siglo primero y en la cual el color del ropaje sacerdotal es rojo, como un símbolo de las lenguas de fuego que descendieron.

El descendimiento del Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego significó para los Apóstoles más de lo que ellos pudieron imaginar. El miedo fue dejado a un lado, salieron a las calles con la misión de evangelizar, de llevar a todo el mundo la palabra de Dios.

Predicar el Evangelio en más de un idioma, bendecir y bautizar a toda la humanidad.

Pentecostés es entonces la presencia de la tercera persona en la Santísima Trinidad, Dios Espíritu Santo que vino al mundo también para encomendarnos una misión.

La Iglesia católica lo celebra de manera alegre y solemne, aunque en el mundo cada uno reconoce la presencia del Espíritu Santo entre nosotros.

¿Quién es el Espíritu Santo?

El Catecismo de la Iglesia Católica define al Espíritu Santo como la «Tercera Persona de la Santísima Trinidad». Es decir, habiendo un sólo Dios, existen en Él tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta verdad ha sido revelada por Jesús en su Evangelio.

El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo de la historia hasta su consumación, pero es en los últimos tiempos, inaugurados con la Encarnación, cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es reconocido y acogido como persona. El Señor Jesús nos lo presenta y se refiere a Él no como una potencia, sino como una persona diferente, con un obrar propio y un carácter personal.

El Espíritu Santo es el don de Dios.

Por el Espíritu Santo nosotros podemos decir que “Jesús es el Señor”, es decir, para entrar en contacto con Cristo es necesario haber sido atraído por el Espíritu Santo.

Mediante el Bautismo se nos da la gracia del nuevo nacimiento en Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo. Los que son portadores del Espíritu de Dios son conducidos al Hijo; pero el Hijo los presenta al Padre, y el Padre les concede la integridad.

DONES DEL ESPÍRITU SANTO

El don de sabiduría

El don de la Sabiduría ilumina la mente para discernir y apreciar las cosas de Dios, ante las cuales los gozos de la tierra pierden su sabor, mientras la Cruz de Cristo produce una divina dulzura, de acuerdo a las palabras del Salvador: “Toma tu cruz y sígueme, porque mi yugo es dulce y mi carga ligera”.

El don de la inteligencia (Entendimiento)

El don de la Inteligencia es una gracia del Espíritu Santo para comprender la Palabra de Dios y profundizar las verdades reveladas.

El don de Consejo

El don del consejo ilumina la conciencia en las opciones que la vida diaria le impone, sugiriéndole lo que es lícito, lo que corresponde, lo que conviene más al alma.

El don de Fortaleza

Por el don de Fortaleza el alma se fortalece ante el miedo natural y soporta hasta el final el desempeño de una obligación. La fortaleza le imparte a la voluntad un impulso y energía que la mueve a llevar a cabo, sin dudarlo, las tareas más arduas, a enfrentar los peligros, a estar por encima del respeto humano, y a soportar sin quejarse el lento martirio de la tribulación aún de toda una vida. “El que persevere hasta el fin, ese se salvará”(Mt 24,13).

El don de la ciencia

El don de la Ciencia nos da a conocer el verdadero valor de las criaturas en su relación con el Creador. Logra descubrir el sentido teológico de lo creado, viendo las cosas como manifestaciones verdaderas y reales, aunque limitadas, de la verdad, de la belleza, del amor infinito que es Dios, y como consecuencia, se siente impulsado a traducir este descubrimiento en alabanza, cantos, oración, acción de gracias.

El don de la Piedad

El don de la Piedad sana nuestro corazón de todo tipo de dureza y lo abre a la ternura para con Dios como Padre y para con los hermanos como hijos del mismo Padre.  Clamar  ¡Abba, Padre! Extingue en el corazón aquellos focos de tensión y de división como son la amargura, la cólera, la impaciencia, y lo alimenta con sentimientos de comprensión, de tolerancia, de perdón.

El don del Temor de Dios

El don del temor nos suscita temor de ofender a Dios, humildemente reconociendo nuestra debilidad. Sobre todo: temor filial, que es el amor de Dios: el alma se preocupa de no disgustar a Dios, amado como Padre, de no ofenderlo en nada, de “permanecer” y de crecer en la caridad (cfrJn 15, 4-7).






One Comment


  1. MFC DIOCESIS DE TULA.

    SE QUE HAY UN DIOS POR LO CUAL EXISTE ESTA TERCERA PERSONA QUE ES EL ESPIRUTO SANTO, Y SOY ATRAIDO POR EL ESPIRUTO SANTO Y DIGO CREO EN JESU CRISTO DIOS Y HOMBRE.



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