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marzo 8, 2018

Perdonar, sanar, restaurar, renovar

Por: Redacción

Solo Dios nos da de esa capacidad, de El recibimos y aprendemos el perdón que le devuelve la paz al corazón 

Existen recuerdos, situaciones, acontecimientos y personas que más que huellas han dejado heridas en el alma y se convierten en la piedra del zapato que no deja avanzar, puesto que duele y lastima cada vez que intentamos caminar.

Perdonar 

Debemos aprender a perdonar; quizás a Dios, no porque haya hecho algo mal, sino por aquello que lo hemos culpado: enfermedades, accidentes, consecuencias de los errores de la humanidad, hijos con características no esperadas, abundancias o carencias, inconformidades propias que nos impiden encontrar la paz. Hacemos de nuestra oración un muro de lamentos, nos alejamos de Él porque no logramos entender o discernir cuál es su voluntad, le culpamos de los errores de otros.

Sanar

Para poder renovar nuestro interior es preciso liberar de toda culpa a Dios, aprender a descubrir y experimentar su inmenso amor y encontrar en Él la sanación interior.

Restaurar

El perdón sale de nosotros mismos, de nuestra capacidad de amar, de volver a empezar. El aprender a perdonar surge de esa experiencia que tenemos de Cristo que nos enseñó a perdonar, ya que Él mismo saldó todas nuestras deudas, liberándonos de toda culpa en esa cruz.

Renovar

Por ello revisa tu interior y piensa: ¿qué te hace falta perdonar? ¿Qué te impide avanzar? ¿Estás listo para empezar de nuevo, reparar, restaurar, renovar? Sólo Dios nos da esa capacidad de perdonar; de Él recibimos y aprendemos el perdón que le devuelve la paz al corazón.

Cada día en nuestra oración repetimos: “Perdónanos como perdonamos…”. Digámosle también: “Enséñanos a perdonar, como tú nos has perdonado”.

 

 

 






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