Provincia Eclesiástica de Hidalgo

febrero 11, 2020

Prevenir, curar y acompañar

Mons. Domingo Díaz Martínez

Arzobispo de Tulancingo

«La vida y la salud física son bienes preciosos confiados por Dios. Debemos cuidar de ellos racionalmente teniendo en cuenta las necesidades de los demás y el bien común» (CATIC 2288).

Ante las amenazas de la influenza, el cáncer, el coronavirus, el dengue o la obesidad, proponemos: prevenir, curar y acompañar.

Prevenir

La limpieza en el hogar, la higiene personal, el ejercicio, la comida sana, la vacunación, la bebida saludable y el cuidado de la naturaleza (la Casa Común) nos ayudarán a evitar problemas, dolores, gastos y preocupaciones.

Por lo tanto, optemos por la prevención; es mejor invertir para prevenir ahora, que invertir y reinvertir para curar mañana.

Curar

«¡Sanen a los enfermos!» (Mt 10,8). «La Iglesia ha recibido esta tarea del Señor, e intenta realizarla tanto mediante los cuidados que proporciona a los enfermos, como por la oración de intercesión con la que los acompaña» (CATIC 1509).

No dudemos en invertir nuestros bienes para enterarnos objetivamente del padecimiento y remediar el dolor o la enfermedad de los hermanos que sufren. ¡Dios nos pagará!

Acompañar

La Iglesia presente en la enfermedad fortalece a la familia que sufre, y cuando oramos por los enfermos nos acercamos al Reino.

Es alentador saber que en casi todas las parroquias de la Iglesia que peregrina en nuestro México hay voluntad para acompañar a los enfermos; «estuve enfermo y me visitaron» (Mt 25,39).

Dios nos llama a ser corresponsables en el cuidado de nuestra salud, en todos los niveles: persona, familia y hogar; trabajo, escuela, templos; ciudad, estado, país y solidaridad internacional.

Si puedes ayudar a los enfermos y no quieres ayudarlos, ¡cuidado! Si tienes bienes para ayudar a los enfermos pero no quieres compartirlos, ¡cuidado! «Estuve enfermo… y no me visitaron» (Mt 25,43).

Dios nuestro Padre: «Yo, el Señor, soy el que sana» (Ex 15,26); y la Santísima Virgen María de Guadalupe: «¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?» (Nican Mopohua); nos concedan sabiduría para prevenir, generosidad para curar, fe y paciencia para acompañar.






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