Para conocer sobre liturgia

enero 16, 2020

¿Qué relación hay entre ir a Misa y ser salvado por Cristo?

Redacción / Aleteia

Ser parte de la celebración de la Eucaristía es como si cada uno de nosotros se teletransportara al pasado y presenciara el sacrificio redentor al pie de la cruz.

«Nuestro Salvador, en la Última Cena, instituyó el sacrificio eucarístico de su cuerpo y sangre, con lo cual iba a perpetuar por los siglos el sacrificio de la cruz, confiando de este modo a su esposa, la Iglesia, el memorial de su muerte y resurrección» (Constitución sobre la Sagrada Liturgia Sacrosanctum Concilium SC 47).

El sacrificio eucarístico es un memorial real, objetivo y actual del sacrificio de Cristo en la cruz; por consiguiente la Iglesia, al celebrar este memorial, participa de la entrega sacrificial de Cristo.

Cuando Jesús dice a sus discípulos: «Hacer esto en conmemoración mía», les está diciendo que deben hacer junto a Él exactamente lo mismo que Él hizo; este es el significado de la expresión conmemoración: hacer memoria ¿con quién? Con Jesús, obviamente, presente.

Jesús no les dijo a los apóstoles, por ejemplo, recuérdenme haciendo esto o aquello, o hagan esto para recordar esta cena; les dijo, en otras palabras, hacer esto conmigo; los apóstoles y sus sucesores (los obispos), al hacer lo que indicó Jesús, hacen actual el sacrificio redentor, con Jesús presente.

Por esto el memorial expresa dos cosas: la realidad de un acontecimiento sacrificial y la actualización objetiva, aunque incruenta, del mismo sacrificio.

No es que el sacrificio histórico de Cristo se repita infinidad de veces, pero sí que se hace presente, hace sentir su efecto aquí y ahora involucrándonos y, de consecuencia, comprometiéndonos a todos.

Es como si cada uno de nosotros se teletransportara al pasado y presenciara personalmente el sacrificio redentor al pie de la cruz.

El sacrificio de Cristo, que se realizó históricamente una sola vez, encuentra pues en la Eucaristía su memorial y a través de ella se hace tangible para nosotros.

Se dice que la Misa es un memorial porque hace vivo y real entre nosotros el acontecimiento salvífico de la nueva y eterna alianza.

Jesús instituyó el sacrificio eucarístico con sus palabras: «Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros».

«Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía» (1 Cor 11,24).

Y Jesús, al mandar a sus apóstoles que hiciesen lo mismo, no solamente les dio la orden de hacer algo sino que también les dio, consecuente, el poder de hacer lo que Él mismo hacía allí en el Cenáculo.

A la reflexión cuatro puntos

 De las palabras de Cristo con respecto a su sangre hay que resaltar cuatro cosas:

  1. Es una sangre que, en lugar de ser asperjada de manera indiscriminada, tiene que ser recibida a nivel personal en la vida interior.
  2. Su sangre es la sangre de una alianza nueva, de una alianza que es eterna.
  3. Es una sangre derramada u ofrecida a favor de todos los hombres.
  4. Su sangre tiene fin expiatorio.

Para entender más a fondo estas cuatro verdades hay que volver la mirada a la tradición bíblica con respecto a los sacrificios.

En la tradición bíblica se distinguen tres tipos de sacrificio: el sacrificio expiatorio, el holocausto y el sacrificio de comunión; estas diversas maneras de ofrecer sacrificios en el mundo hebreo ayudan a entender el sentido del sacrificio de Cristo.

En el sacrificio expiatorio se da una gran importancia a la sangre; la sangre era vista como la base de la vida, como la vida misma de la víctima o el alma de la víctima (Lv 17,11).

El sacrificio de Cristo es expiación por los pecados, lo mismo que la sangre en los sacrificios de la ley antigua, con la diferencia de que la víctima de la nueva alianza la pone Dios, es Dios mismo, y no se necesitan más sacrificios.

El sacrificio de Cristo trasciende todas las categorías de los sacrificios antiguos: realiza el sacrificio de expiación, la plenitud espiritual del holocausto y el sacrificio de comunión.

 

 






0 Comments


Seras el primero en commentar!


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *