Editorial

junio 13, 2016

Reforma civil en puerta

Por: Felipe de J. Monroy @monroyfelipe / Director Vida Nueva México

Los derechos de las familias, que parten de su identidad y misión, más allá de apariencias y disfraces, deben ser garantizados por el Estado.

No se le puede dar vueltas, la iniciativa de reforma al Código Civil que presentó Enrique Peña Nieto al Congreso fue sorpresiva, principalmente para los católicos que habían escuchado en febrero pasado al presidente de la República asegurar a Francisco que “las causas del Papa también son las causas de México”.

A los politólogos no les sorprendió porque así han sido presentadas todas las reformas estructurales (energética, educativa, laboral y hacendaria, entre otras) y, lo peor, que todas fueron aprobadas sin debate previo o mediante diálogos simulados entre partidos.

El documento enviado al Congreso dice: “La presente iniciativa tiene por objeto reformar, adicionar y derogar diversas disposiciones del Código Civil Federal a efecto de: a) Garantizar el derecho de las personas del mismo sexo a contraer matrimonio en igualdad de condiciones que las personas heterosexuales. b) Establecer igualdad de condiciones que las personas heterosexuales para la adopción. c) Garantizar la identidad de género. d) Establecer el divorcio sin expresión de causa”. Estos fragmentos han sido los que –hay que decirlo- inquietaron a muchas personas.

De inmediato se ha despertado una cruzada en defensa el matrimonio tradicional que ha hecho reflexionar a muchos sobre los límites y alcances de una regulación de esta naturaleza en medio de una sociedad como la nuestra.

Todo esto está bien porque se requerirá que la sociedad pensante participe activamente en los debates que se convoquen previos a la votación. Eso, si hay debates o si, en ellos, se invita en pluralidad.

Sin embargo, el texto del presidente añade que se tendrían que ‘actualizar otras figuras jurídicas’ para generar condiciones de igualdad y evitar la discriminación de personas o grupos; y, en esas actualizaciones jurídicas aparecen algunas ideas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

“El derecho a formar una familia… la protección constitucional a la familia… proteger a la familia como realidad social”. Después de esto hay muchas cosas por debatir pero me quedo con estas tres porque, como ha mencionado Juan Dabdoub, presidente del Consejo Mexicano de la Familia, en la Constitución la familia no tiene  figura jurídica, sólo los individuos.

Por supuesto, es claro que toda la argumentación política y legal de la iniciativa presidencial propone homologar el concepto de matrimonio, pero no lo podrá hacer si no incluye conceptos más profundos como familia y persona en un modelo legal que, por décadas, ha tratado a las personas como piezas de recambio histórico y a la familia como una manía cultural.

Ojalá el debate que por estos días comience a gestarse en ruta a la reforma al Código Civil sirva para dialogar, confrontar y favorecer el encuentro de razones; y que, más allá de estridencias controversiales, se logre percibir la naturaleza de la persona y los derechos de las familias.

Derechos que parten de su identidad y de su misión; derechos que, más allá de apariencias y disfraces, el Estado debe garantizar.






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