CATEQUESIS

enero 12, 2018

Santa María Madre de Dios

Pbro. Usbaldo Castaño Zapata / Arquidiócesis de Tulancingo

Lo que la fe católica cree acerca de María se funda en lo que cree acerca de Cristo.

La anunciación a María (Lc 1,26-38) inaugura la plenitud de los tiempos, lo que nos habla la Carta a los Gálatas (4,4): «Al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su Hijo nacido de mujer, nacido bajo la la ley, el Hijo de Dios, es Dios, es de naturaleza divina porque nació por obra del Espíritu Santo, es Dios»; «el Espíritu Santo vendrá sobre ti, te cubrirá con tu sombra, por eso el Hijo que nacerá de ti será santo y con razón se llamará Hijo de Dios» (Lc 1,35).

La misión del Espíritu Santo está siempre unida y ordenada a la del Hijo (Cfr Jn 16,14- 15). Este fue enviado para santificar el seno de la Virgen María y fecundarla por obra divina (es “el Señor que da la vida”), haciendo que ella concibiera al Hijo eterno del Padre en una humanidad tomada de la suya.

El Hijo único del Padre, al ser concebido como hombre, en el seno de la Virgen María, es Cristo; es decir, el ungido por el Espíritu Santo (Cfr Mt 1,20; Lc 1,35).

Desde el principio de su existencia humana toda la vida de Jesús manifestará cómo Dios le ungió con el Espíritu Santo y su poder; esto se va manifestando paulatinamente a los pastores en Belén (Lc 2,8-20); a los Magos (Mt 2,1-12); a Juan Bautista (Jn 1,31-34); a los discípulos (Jn 2, 11).

Dios envió a su Hijo y para formarle un cuerpo quiso la libre cooperación de la criatura, de una Virgen, para ello escogió a María desde la eternidad: «He aquí que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo…» (Is 7-14); «el ángel fue enviado por Dios a una Virgen desposada con un varón llamado José, la Virgen se llamaba María» (Lc 1,26-27).

(Cfr Catecismo de la Iglesia Católica 484-488)

 






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