CATEQUESIS

septiembre 15, 2019

Se gana más con miel que con hiel

Por: Silvia del Valle

Es necesario destinar algunos minutos al día para convivir y conocer a los hijos, de esta forma podemos educarlos y guiarlos.

Es notorio que cuando más caso hacen los niños es cuando se les habla con cariño y paciencia que cuando se les habla fuerte.

Por ello resultan importantes cinco sugerencias que pueden llevar a un mejor trato hacia ellos y en respuesta obtener la misma forma en la que se les habló.

Conócelos

Nadie ama lo que no conoce, por eso es importante que nos demos tiempo de estar en contacto directo con ellos. Sé que suena obvio esto, pero en la actualidad el ritmo de vida y los horarios que tenemos lo hacen cada vez más difícil.

Es necesario destinar algunos minutos al día para convivir y conocer a nuestros hijos, de esta forma podemos educarlos, guiarlos y dejarlos crecer con amor.

Y si esto implica un sacrificio o esfuerzo extra, creo que bien lo vale porque la forma en que tratemos a nuestros hijos dependerá cómo sean en su vida y cómo afronten los retos que se les presenten.

Busca lo mejor

Hago esta predicción porque no siempre lo que es mejor para ellos es lo más fácil para nosotros, casi siempre nos implica esfuerzo, entrega y paciencia.

Es importante que estemos dispuestos a dar la vida por nuestros hijos y buscar siempre su bien. También prepararnos para atender lo que van presentando, aunque esto implique dejar algún gusto o dedicarle algún tiempo de nuestro sueño.

Hablar, no gritar

En la práctica es importante saber que cuando subimos el tono de voz es más fácil que nuestros hijos se enfaden o saturen, por eso es mejor aprender a darles una pequeña explicación de lo que queremos que hagan o de por qué no deben hacer las cosas.

Si no nos obedecen a la primera es normal porque los niños aprenden poco a poco, por eso es importante tener paciencia y hablarles claro; los niños son pequeños, no tontos, así que entienden muy bien si les explicamos.

Límites claros

Es muy importante que desde pequeños les pongamos límites claros y con amor, pero si no lo hicimos y nuestros hijos ya están grandes no hay problema, podemos hacerlo a partir de hoy.

Debo decir que costará más trabajo, pero se puede lograr. Los límites deben ser claros, posibles y concretos, y sobre todo tener una consecuencia si se pasan.

Cuando los hijos están más grandes, ellos mismos pueden colaborar a establecer tanto los límites como las consecuencias de no guardarlos; recuerda: todo debe estar acotado por el amor.

Paciencia y amor 

Debemos tener muy presentes estás virtudes, ya que son las más necesarias en la educación de los hijos.

Podemos equivocarnos y es muy bueno que nuestros hijos se den cuenta que cuando haces las cosas por amor, reconocer los errores no cuesta trabajo y siempre es una oportunidad de crecer.

El amor lo perdona todo y lo hace nuevo todo. Nosotros debemos ser el ejemplo de nuestros hijos y, por lo mismo, ser coherentes; hagamos todo con amor, por amor y para el amor, nuestros hijos son fruto de ese amor.

No es tarea fácil

La corrección de los niños desde su más tierna edad no resulta cosa fácil, especialmente porque son seres que vienen en formación y dependen completamente de sus padres, guías y orientadores.

Aunque pueda sonar un tanto confuso, la mejor manera de que un niño corrija alguna inclinación no es precisamente por medio de la prohibición; por el contrario, que el niño siempre tenga a la mano eso que desea, hasta que en un instante el menos pensado, saciará su deseo de tener ese objeto y sencillamente, por el mismo, dejará de pedirlo.

Aunque parezca mentira, podemos ayudar a nuestros hijos desde la más tierna edad a controlar sus emociones, y si bien es un trabajo que debemos hacer primero en nosotros mismos no es indispensable que hayamos alcanzado este nivel, solo basta con dejar que el niño le pase la molestia y la frustración, y luego conversar con él y ayudarlo.






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