Articulo

septiembre 18, 2019

Si existe el ángel de la guarda, ¿cuál es su función?

Pbro. Luis Ángel Zamora Almaraz / Arquidiócesis de Tulancingo

Habla con él, alaba a Dios en su compañía, en tus situaciones difíciles invócalo y si caíste en pecado pídele ayuda.

Desde muy pequeños nos han transmitido una devoción especial a nuestro ángel de la guarda, y esta no es una invención contemporánea, sino que desde inicios del desarrollo de la fe se tuvo una especial veneración por los ángeles.

Pero ¿existen los ángeles? ¿Cómo podemos afirmar su existencia? Y de ser así, ¿cuál es su misión? ¿qué nos enseñan?

Los ángeles existen, para probarlo bastaría repasar las páginas de la Escritura y darnos cuenta de su acción en toda la Historia de la Salvación.

En el Antiguo Testamento (AT) podemos observar cómo Dios se vale de ellos para ayudar al hombre, protegerlo del maligno y asegurarle el camino de salvación; por ejemplo, Elías es alimentado por un ángel (1 Re 19,5).

También en el Nuevo Testamento (NT) encontramos varios pasajes donde los ángeles actúan, primeramente con Jesús cuando lo asisten después de las tentaciones, pero también ante José para notificarle la huida a Egipto, a Pedro para liberarlo, a María para anunciarle que sería la Madre del Salvador y de Jesús que habla de los ángeles que ven constantemente el rostro de Dios.

También los santos padres nos hablan de los ángeles, tales como San Basilio, San Agustín o San Jerónimo, este último que menciona: «Grande es la dignidad de las almas cuando cada una de ellas, desde el momento de nacer, tiene un ángel destinado para su custodia»; todas estas doctrinas sintetizadas por Santo Tomás en su Angelología.

Esta doctrina será reforzada por los concilios, desde el IV de Letrán, cuando afirma que Dios es creador de todas las cosas… de las criaturas espirituales y corporales; el Concilio Vaticano I reafirma la existencia de los ángeles (DS 3002 y también VI en el Credo del Pueblo de Dios.

¿Cuál es la misión de los ángeles? 

La misión de los ángeles custodios es acompañar a cada hombre en el camino por la vida, cuidarlo en la tierra de los peligros del alma y cuerpo, protegerlo del mal y guiarlo en el difícil camino para llegar al cielo.

Son criaturas personales (cf Pío XII Enc. Humani Generis: DS 3891) e inmortales (cf Lc 20,36). No se aparta de él ni siquiera cuando pierde la gracia de Dios por el pecado.

Le prestará auxilio para enfrentarse con mejor ánimo a las dificultades de la vida diaria y a las tentaciones que se presentan en la vida.

¿Qué nos enseña nuestro ángel de la guarda?

  • Darle Gloria a Dios con todo lo que hacemos, pensamos y decimos.
  • A cumplir con la voluntad de Dios sin discutir sus órdenes ni aplazando el cumplimiento de estas.
  • Servir al prójimo. Interesarnos por el otro, el que sufre, el que la pasa mal y hacer algo con Él y por Él.





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