Editorial

enero 12, 2016

Soy del 99 por ciento restante

Por: Felipe de J. Monroy @monroyfelipe Director Vida Nueva México

Ahora que empieza un año nuevo, quizás debamos moderar nuestra obsesión por adquirir y consumir, y poner entre nuestros propósitos gozar de esas riquezas que no se pueden comprar.

Imagine 120 millones de mexicanos. De hecho somos casi todos los que habitamos en el país. Ahora piense en todo el trabajo que hacemos y en quienes salen a gastar su vida y su energía día a día: empleados de la construcción, campesinos, transportistas, oficinistas, ingenieros y obreros.

Piense también en los niños y jóvenes que van a estudiar, que desean superarse y alcanzar una vida digna. Piense en las amas de casa y los padres de familia que con su trabajo también ahorran, hacen crecer el patrimonio y estiran lo más posible sus salarios.

Piense en los jubilados y pensionados, en los vendedores ambulantes y en casi toda la gente con la que se cruza en la calle que compra y vende cosas todos los días. Piense ahora que todo eso apenas representa menos de la mitad del total de la riqueza monetaria del todo el país.

Más de la mitad de la riqueza total del país está en manos del 1% de los mexicanos, quienes concentran todo ese capital. Y según la organización Oxfam (especializada en análisis sobre desigualdad y pobreza) ese 1% llegará a tener el 99% del total de la riqueza del país si la tendencia financiera se mantiene igual.

Por desgracia no somos un caso aislado. En el mundo casi todos los países viven bajo el modelo financiero, un sistema que crea “sumisión asfixiante”, “más pobreza, exclusión y dependencia”. No lo digo yo, son palabras del papa Francisco ante la ONU.

Oxfam da otro dato: en 2010, 388 personas tenían tanta riqueza como 3 mil 500 millones de personas pobres; hoy son apenas 80 personas quienes tienen tanta riqueza como 4 mil millones con casi nada. Es decir: los ricos cada vez son menos y más ricos; mientras los pobres son cada vez más y más pobres.

¿Qué podemos hacer? Sin duda las reglas del juego financiero mundial tienen que cambiar, pero también podemos aportar algo quienes pertenecemos a ese 99% restante. La Iglesia da algunas pistas: trabajar por el bien común, practicar la subsidiariedad y la solidaridad, aumentar la participación social y exigir que los bienes tengan como destino a toda la raza humana.

Hay algo más, en Laudato Si’, Francisco exhorta a no colocar el consumismo como fin último de nuestras riquezas. Acaban de pasar las fiestas navideñas y muchas personas han caído en las garras del consumismo que, paradójicamente no los hace más ricos, sino más pobres. Ahora que empieza un año nuevo, quizás debamos moderar nuestra obsesión por adquirir y consumir, y poner entre nuestros propósitos gozar de esas riquezas que no se pueden comprar.

 

 






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